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sábado, 13 de abril de 2013

Provocame

De nuevo estamos aqui, donde os dejo una nueva historia de un actor que me encanta y lider de CNBlue, Jung Yong Hwa. La historia contiene lemon, asi que si la leeis, es bajo vuestra responsabilidad.

Por ahora, solo os dejaré con la historia y ya hablaremos más luego.



CAPITULO 1
A Jung Yong Hwa le encantaba su instituto.
A pesar de ser uno de los mejores del país, no le obligaban a asistir con alguno de esos uniformes horribles que se lucían durante la secundaria, haciéndoles sentir realmente como alumnos de preparatoria.
Sin embargo si que había algunas reglas a la hora de vestir. Los chicos siempre debían llevar pantalones largos, solo dejándoles usar cortos en los días más cercanos al verano, y las chicas debían ir con falda, pero que esta midiera más de 30 centímetros en todo momento, algo que los chicos hubieran rebajado rápidamente si se les hubiera dado la oportunidad.
``Deberían darse por satisfechos con eso´´,pensó Jung, sentado en uno de los últimos asientos, junto a la ventana del aula, rascándose el negro cabello de manera distraída.
Cuando se aburría en clase, cosa que pasaba mucho sobre todo si estaban dando matemáticas, se ponía a mirar por la ventana a la gente que pasaba cerca de la puerta de entrada del instituto e imaginaba a donde irían o que era aquello que los mantenía tan ocupados. O alzaba la vista al cielo y se queda contemplando las nubes abstraído en sus pensamientos.
Pero en aquel preciso momento, su atención se encontraba centrada hacia Park Angela Jin, su compañera de la mesa de al lado.
Esta había sido trasladada en mitad del curso desde Estados Unidos, donde sus padres aun trabajaban, alegando que su hija debería acabar sus estudios e ir a una buena universidad en su país paterno, así que la pobre se encontraba sola en un país desconocido que no había pisado hasta hacia pocos meses atrás y del que solo entendía el idioma y sabía escribirlo por que sus padres le habían enseñado en casa.
Heredados de su madre, tenía unos ojos azules oscuros bonitos, eso no se podía negar, pero sus rasgos eran mayormente asiáticos. Se notaba en su pelo largo negro y liso,que normalmente llevaba atado en una coleta baja, y en sus ojos algo rasgados.
Tal vez acobardada al verse en un territorio que no conocía, siempre ayudaba a todo el mundo, mostrando una actitud sumisa que a Jung realmente ponía de los nervios.
¿Por qué aquella chica no tenía un poco más de amor propio?,pensaba molesto desde su asiento, mirándola por el rabillo del ojo mientras Angela solo sonreía amablemente mientras 3 chicas de la clase hablaban con ella, sin realmente importarles mucho que la chica no tomara parte en la conversación siempre que les dejara su mesa para llenarla de sus estúpidas revistas.
-Esta tarde te toca limpiar la clase,¿no?-le preguntó Han Lee Hye, una chica menuda de corto cabello teñido de rojo oscuro,ojos negros y que no ocultaba en ningún momento que estaba enamorada de él.
-Si, eso creo-murmuró él como toda respuesta, centrando sus ojos en la ventana de nuevo.
-Entonces te toca pasar la tarde con la sosa-le dijo esta con una sonrisa maliciosa mientras miraba como si fuera muy poquita cosa hacia Angela.
-¿Con quien?-preguntó Jung, ahora mostrando interés a la conversación.
-Ya sabes. Con la chica trasladada esa. Con la que se cree la nueva reencarnación de la Virgen Maria, ayudando a todo el mundo con esa sonrisa tonta en la cara-le dijo en voz más baja, indicándole con la cabeza la mesa de al lado, donde este miro.
-¿Me toca con ella?-preguntó, entre interesado y molesto, una mezcla rara en su tono de voz que hasta a él mismo le extraño.
-Pues si. Te toca limpiar con ella hoy y todo el mes que viene. La chica le cambió el turno de hoy a Mi Ne por que la tía se inventó que tenía que ir al médico y tú se lo cambiaste a Jun Sun por que él te cubrió el otro día.¡Ja!. Y el mes que viene te toca todos los días con ella.
-Pero...yo lo tenía como castigo por llegar siempre tan tarde.¿Ella que ha hecho?
-Ser tonta-alegó sin más Lee Hye.-Todos le han ido con excusas, pidiéndole si los podía suplir en sus limpiezas y va y les ha dicho a todos que si. Te deseo buena suerte con ella, por que te vas a aburrir como una ostra-le dijo ella con una sonrisilla malvada.
Sin embargo, cuando acabaron las horas de encarcelamiento y se quedaron solos en clase, Jung la observó mientras Angela barría el suelo y se acercó a ella, ayudándola mientras sostenía el recogedor para ella.
-Muchas gracias, Yong Hwa shi-le dijo esta, con su sonrisa amable.
-No deberías estar siempre ayudando a los demás. Te tomaran por tonta-le dijo este como toda respuesta a su agradecimiento.
Ella pareció quedarse algo paralizada ante el comentario, pero siguió barriendo mientras agachaba la cabeza.
-Pero...si la gente me pide ayuda, no me cuesta nada ayudarlos. Además....nadie me espera en casa, así que de verdad no me importa-le dijo, de nuevo luciendo la sonrisa amable.
Echo que solo ocasionó que Jung se molestara aun más.
-Pero tendrás una vida fuera del instituto,¿no?. Querrás salir por ahí con tus amigos o con tu novio.
Él mismo se sorprendió por estar insistiendo tanto en el tema.
¿Qué le importaba a él lo que aquella sosa chica hiciera o dejara de hacer?. No era asunto suyo y
desde luego no era su problema.
-Llevo poco tiempo aquí, así que aun no he hecho muchos amigos. Y ...yo....yo no tengo novio-dijo, algo avergonzada por hablar con un chico de un tema como aquel.
Jung la observó mientras aun sostenía el recogedor para ella, evaluándola.
Media un poco menos que él, sin contar que llevaba unos zapatos con algo de tacón. Llevaba una falda marrón oscura que casi le llevaba a las rodillas y una simple camisa blanca. Para poder ver de cerca,usaba unas pequeñas gafas de montura transparente que siempre usaba en clase y que aun no se había quitado. Nada en la chica llamaba demasiado la atención, así que era normal que no tuviera ningún novio, pensó Jung.
-Pero, aunque no tengas novio, seguro que haces cosas cuando llegas a tu casa-le soltó de pronto, entrecerrando los ojos para evaluar la reacción de ella.
Esta alzó los ojos hacia él, bien abiertos, dejando que el azul fuera bien visible.
-¿Qué....qué quieres decir?-le preguntó, sin entender demasiado bien a que se estaba refiriendo.
-Ya lo sabes-le respondió este.-Seguro que cuando llegas a tu casa, te tocas pensando en alguien.
El sonrojo en el rostro de Angela prácticamente fue inmediato y de un tono tan intenso de rojo que Jung pensaba que en cualquier momento vería humo salir de sus oídos.
-¡Yo no hago esas cosas!-exclamó ella, agarrándose fuerte a la escoba, como cogiendo fuerzas del metal para decirle aquello.
-Ya, claro. ¿A quien pretendes engañar?. Seguro que lo haces todos los días-le dijo este, dedicándole una malvada sonrisa torcida mientras veía como ella se molestaba, aun con las mejillas sonrojadas.
-¡Te digo que yo no hago eso!-le gritó, dando un paso hacia él, mostrando algo del carácter que realmente escondía dentro de ella.
Eso le agradó a este.
Al menos sabía que dentro de aquella chica había un poco de chispa.
-Y, solo suponiendo que en verdad no lo haces, ¿quieres que te enseñe?-le preguntó Jung a su vez, sin saber bien por que había dicho eso, acercándose a ella al mismo tiempo que Angela parecía perder el coraje que había adquirido y retrocedía hasta chocar con la mesa del profesor.
Algo asustada, miró hacia atrás para ver que era lo que le cortaba la huida y, al volver a mirar hacia delante, vio como Jung ya se encontraba delante de ella, mirándola de arriba a bajo.
Este solo pensaba jugar un poco con ella, acorralarla para obligarla a sacar de nuevo ese poco de carácter que se escondía en su interior, pero tenía que admitir que no era desagradable tenerla allí en su poder, sin escapatoria.
-De...deja de jugar, Yong Hwa. No...no tiene gracia-le dijo ella, con los brazos delante del pecho como si así creara un escudo seguro ante él.
-¿Es que no quieres que te enseñe?. Estoy seguro de que te gustara-le dijo, rozando la punta de los dedos de su mano derecha por la pierna de ella, alzando la falda y dandose cuenta de la suavidad de la piel de esta, algo más bronceada que la del resto de chicas de la clase.
Ella trató de bajarse de nuevo la falda, pero las manos de él eran más rápida y, aprisionando ambas muñecas, las colocó a la espalda de esta y la mantuvo inmóvil con una sola mano mientras la derecha seguía subiendo por la pierna hasta llegar a la ropa interior, de un tono verde claro muy mono.
-¿Por qué usas estos colores allí donde la gente no puede verlos?. Te sienta muy bien-le dijo este, aun luciendo una sonrisa torcida mientras sus ojos se encendían al ver lo que había expuesto, notando como se estaba excitando solo por ver unas bragas y tocar un poco de piel.
Nunca se había sentido así con una chica en tan poco espacio de tiempo.
Angela solo atinaba a respirar pesadamente, evaluando si podría avisar a alguien si gritaba, pero lo dudaba. Las aulas estaban cerradas, solo quedaban ellos dos en ese pabellón, y el conserje se encontraría en la entrada,sentado en su garita hasta las 8 que terminaba su turno y cerraba totalmente el colegio.
-Voy a enseñarte como tienes que hacerlo-le dijo Jung en ese momento, atrayendo su atención.
Esta iba a decirle algo, pero la mano de este entró dentro de su ropa interior y todo lo que estaba pensando se esfumó de un plumazo.
Este siseó un poco al notar el calor que salia de ella directamente contra su mano y, antes de poder evitarlo, sus dedos ya se paseaban por aquella zona nueva de arriba a bajo, haciendo que Angela jadeara y una humedad empezara a extenderse.
-Vaya. Ya te estas mojando-le dijo este entre dientes, con una voz que no reconoció como suya.
Ella lo miró, pero no le salían las palabras. Lo único que pudo hacer fue soltar un gemido cuando Jung llegó hasta su clítoris y empezó a jugar con él, retorciéndose contra la mesa, sin saber bien si tratando de escapar de él o por que disfrutaba de la sensación.
-De verdad que eres una chica sensible-le dijo este.-No tardarás mucho cuando empieces a tocarte en casa.
-Yo...yo...no hago...eso-logró decir esta entre un jadeo y un gemido que escapaba de sus labios.
Jung, que había estado observando a su mano trabajar sobre ella, alzó la mirada hasta su cara, viéndola con los labios entre abiertos mientras jadeaba y con las mejillas sonrojadas al mismo tiempo que lo miraba molesta entre los ojos entrecerrados.
Realmente era una cosita con chispa,pensó este. Y eso lo enardeció lo suficiente para que uno de sus dedos se introdujera en ella de golpe, haciendo que Angela soltara un gemido mientras se hacia más hacia atrás en la mesa.
Jung notó como el calor y la húmeda carne lo rodeaba y aprisionaba y algo en el interior de sus pantalones saltó, exigiendo que se le prestara atención en aquel momento mientras un jadeo se le escapaba entre los dientes.
Le soltó las manos de ella al mismo tiempo que su mano libre iba hasta la nuca de esta mientras su mano ocupada se encargaba de introducir y sacar el dedo dentro del cálido y húmedo conducto de ella, que cada vez jadeaba y gemía más alto.
-Desabróchate....la camisa-le dijo al oído, al mismo tiempo que le mordía la oreja tras la orden.
-¿Por qué....debería?-le dijo ella, mostrando algo del carácter que a él tanto le había gustado.
-Por que tengo mi mano dentro de ti-. Y como para afirmar eso, introdujo un segundo dedo y aumentó el ritmo que ejercía sobre ella, intentando llegar todo lo que podía, notando como esta le apretaba y comprobaba lo deliciosamente estrecha que era, mientras hacía que Angela volviera a jadear y se estremeciera contra él.
Lentamente, intentando poder respirar al mismo tiempo que obedecía la orden, Angela se fue desabrochando la camisa, notando como sus manos le temblaban mientras sentía que su mente cada vez se iba más lejos.
¿De verdad iba a hacer caso aquel chico, en clase, solo por que tenía su mano dentro de su ropa interior y le hacia sentir como si en vez de sangre tuviera un enjambre de abejas bajo la piel?
Jung le estaba acariciando el cuello con la nariz mientras observaba como ella se desabrochaba la prenda y finalmente se la quitaba, dejándola tras ella en la mesa, mostrando el sujetador que llevaba a conjunto con la ropa interior.
Él no lo había creído posible, pero Angela de verdad tenía un cuerpo torneado y hermoso, preparado para ser la envidia de todas las chicas del instituto si verdaderamente supiera utilizarlo, pero esta nunca abandonaba esa apariencia de niña buena, hecho que encendió aun más a Jung.
-Joder. De verdad todos los chicos de la clase querrían violarte si te vieran así-le murmuró, dejando que su voz se arrastrara por la piel de esta hasta su oído, arrancándole un nuevo gemido.-Y seguro que tú estarías perfecta para ellos-añadió mientras llevaba la mano que tenía en la nuca de esta hasta el pecho, elevando el sujetador y pellizcando el pezón que ya se encontraba erecto.
Angela se estremeció de nuevo contra él, cada vez más mojada y cercana al orgasmo, apresándole cada vez con más fuerza en su interior, sin poder respirar si no era soltando gemidos que iban directamente hasta la entrepierna de Jung mientras este sentía que no podía limitarse a estimularla con sus dedos.
-Ahora te toca a ti-le dijo, cogiendo una de las manos de ella y llevándosela hasta su carne húmeda mientras él retiraba la mano.-Si vas a hacer esto en casa, tendrás que practicar.
Ella pareció confusa durante un momento, sin llegar a moverse mientras sus ojos le indicaban que estaba tan perdida en el placer que apenas si entendía lo que él le había dicho.
-Mueve tu mano-le indicó, dándole un nuevo pellizco al pezón derecho como castigo por no hacerle caso.
Y Angela obedeció.
Al principio ella se mostró tímida, con las mejillas teñidas de nuevo de vergüenza, pero empezó a mover la mano como este le indicó, dejandole paralizado por un momento mientras la observaba, con su boca entre abierta, jadeando mientras se acariciaba como él le había dicho, sintiendo que la presión de sus pantalones se hacia insoportable.
Sentía que si se excitaba, aunque solo fuera un poco más, explotaría dentro de sus pantalones.
Pero quería terminar lo que había empezado, así que, sin perderla de vista, se acercó a su mochila y sacó un condón de uno de los bolsillos.
Lo llevaba desde que había empezado la preparatoria por que su hermano mayor le había dicho que nunca sabía lo que podía ocurrir, diciéndole que tenía estar preparado para cualquier circunstancia, recordando la sonrisa que le dirigió al decir eso.
``¿Pero que narices se piensa que hacemos en el instituto?´´,se había preguntado en aquel tiempo, pero ahora le agradecía el favor a su hermano.
Había conseguido que Angela se sometiera a él e hiciera lo que le pedía, pero dudaba mucho que le fuera a dejar hacer lo que tenía en mente si no tomaba las precauciones pertinentes.
Cuando ya lo tuvo y se lo metió en el bolsillo, volvió junto a ella y retiró su mano, bajando la ropa interior de esta hasta dejarla en el suelo, llevando dos de sus dedos de golpe a su interior al tiempo que tenía una extraña sensación de satisfacción al volver a tocarla.
-Por ti misma ….no sabes llegar....muy lejos-le dijo, notando que parte de la humedad que él había provocado se había ido.
-Ya te...dije que no....no sé hacer estas cosas-le murmuró ella en respuesta, volviendo a gemir.
Jung se inclinó hacia su cuello y la mordió junto encima de la arteria mientras aceleraba el ritmo de sus dedos dentro de ella, notando poco después como se venía, temblando contra él, sin soltar ningún sonido por los labios fuertemente cerrados.
Aquel ultimo detalle le molesto.
Quería oírla, oír su grito de satisfacción cuando llegara a su cumbre a causa de él.
No iba a dejar que lo privara de eso, del mismo modo que el próximo orgasmo que iba a experimentar seria con él en su interior, pensó este, sacando el preservativo de su bolsillo.
-Quitame los pantalones-le dijo, aun mordisqueándole el cuello mientras ella se recuperaba de su clímax.
Tal vez estaba demasiado ida por su orgasmo o que ya ni siquiera quería resistirse a él, pero hizo lo que le pedía sin oponer resistencia, teniendo algunos problemas a la hora de soltar el botón de sus vaqueros debido al abultamiento dentro de ellos. Pero cuando pudo abrirlos, dejó caer estos junto con su ropa interior, como si hubiera leído las intenciones de él.
A su vez, este se colocó la protección lo más rápido que pudo y,subiendo la falta de esta hasta la cadera, se acercó a aquella carne rosada e hinchada que parecía llamarlo.
El ``Oh,si´´ se le escapó antes de darse cuenta cuando su miembro entró en contacto con aquel valle que parecía llorar para él, tan apetecible y preparado para su invasión.
-¿Eres virgen?-consiguió preguntar, dejando que solo la punta de su miembro se deslizara entre los labios internos de ella en un lento pasar, temblando por los esfuerzos que hacia por contenerse.
Cuando vio como esta se sonrojaba y asentía de nuevo débilmente, a punto estuvo de dejarse ir y entrar en ella sin ningún cuidado, deseando sentir todo aquel calor y esa deliciosa presión que sabía que sentiría sobre él,con la humedad de ella facilitando sus embestidas y moviéndose como si se tratara de un hambriento lobo en celo dentro de esta, pero en vez de eso, cogió la cara de Angela entre sus manos,obligandola a mirarlo y cubrió esos sonrojados labios con los suyos.
La suavidad de los labios de ella solo le enviaron otra señal apremiante a su miembro, instigándole a que entrara en aquel valle que sabía que le estaba esperando, pero recorrió esos labios con cuidado, notando como esta se obligaba a relajarse y se sometía a él. Con una timidez inequívoca de una virgen, abrió los labios con cuidado cuando la lengua de este le ordenó que lo hiciera, solo consiguiendo que se pusiera aun más duro cuando por fin entró en aquella oscura, cálida y temblorosa cavidad mientras, al mismo tiempo, su miembro hacia el primer intento de entrar en ella.
Esta se removió bajo él, notando la invasión y la presión sobre él solo aumento, lo que hizo que su cabeza se fuera un poco más, pero siguió explorando la boca de ella, obligando a su lengua a que luchara con la suya, soltando un gemido de contento cuando retiro la lengua y la de ella lo siguió hasta su boca.
Había besado a muchas mujeres antes, era uno de los chicos que más llamaba la atención del instituto por algo, pero ningún beso lo había dejado así, tan tentado de solo continuar con el beso, teniendo a la chica con las piernas separadas, esperándolo, y con su miembro ya prácticamente dentro, pero sin querer romper el contacto de los labios para llegar a esa última parte.
Sin embargo, cuando sintió que la tensión de Angela pasaba y esta se removía contra él, ya no se contuvo más y entró en ella de una vez, sintiendo de nuevo como ella se encogía y su grito quedaba aislado entre sus bocas mientras él bajo las manos desde su cara a la delicada cintura.
La acarició delicadamente aquella piel desnuda, notando la joven piel tersa que estaba empezando a adorar, al tiempo que continuaba jugueteando con su lengua mientras sentía los jadeos de tensión contra él.
Pero como todo, el dolor inicial también paso y Jung hizo el primer intentó de moverse en su interior, siendo premiado por más humedad y un gemido ronco en el interior de su boca.
Que deliciosa criatura, que deliciosa y preparada solo para él, pensó mientras aumentaba el ritmo de las embestidas, con cada vez menos control, dejándose llevar liberando por fin los labios de ella mientras Angela no pudo evitar abrazarse a su espalda y gemía contra su oído, solo haciéndole perder el poco control que ya le quedaba aun más rápido.
Rápidamente llevó sus labios hasta uno de los pechos, atrapando un pezón hinchado ya por la encendida sangre, y obligando a esta a que se tumbara sobre la mesa al mismo tiempo que cogía las piernas de ella y las colocaba sobre su cadera, facilitándole la entrada, dejandole entrar tan dentro como su miembro podía llegar mientras Angela solo se retorcía más. Jugó con sus pezones, uno con la boca y el otro con sus dedos, hasta que estos estaban tan hinchados y bien atendidos como el resto de su cuerpo, con lo que Jung notó como el interior de esta lo abrazaba aun más hasta casi volverle loco.
Si ella no se corría pronto, lo haría él antes. Y eso, como un amantes de las mujeres como se consideraba, no podía pasar.
Volvió a morderla en el cuello mientras llevaba su mano libre hasta la unión de sus cuerpos sin bajar el ritmo de sus embestidas, que los tenía jadeando a ambos en busca de aire, y llegó a su clítoris, notando sin problemas el sobresalto de ella ante el nuevo estimulo que la llevó al borde y la hizo saltar.
-Dejame oírte-le murmuró Jung en el oído cuando sintió los primeros espasmos de ella en su miembro.
Y, como siempre, Angela obedeció, gritando su nombre mientras hacia la cabeza hacia atrás, arqueándose hacia él y su cuerpo era arrasado por el clímax, dejándola temblorosa y viendo una enorme explosión de luz blanca a través de sus ojos cerrados.
Jung tampoco aguantó mucho más. La presión sobre él cuando Angela se corrió fue más que suficiente para que alcanzara su propio orgasmo y se apretó contra ella, sintió como le temblaba el interior de los muslos antes de derramarse dentro de ella.
O eso hubiera hecho si no llevara el preservativo.
Cuando la ola los barrió y pasó de largo, Jung no pudo evitar apoyarse contra ella para recuperar el aliento que se había quedado concentrado en el interior de sus pulmones durante el clímax, y volvió la cabeza hacia ella, viendo como esta también respiraba con dificultad. Aunque eso ultimo podía deberse a que él aun se encontraba sobre su cuerpo, echándole su peso encima.
Al recuperar el aliento, se retiro de ella con un extraño malestar y se retiró el condón, tirándolo a la basura que tendría que sacar más tarde hasta el vertedero que había en el exterior del instituto una vez que acabaran allí mientras veía como Angela recogía su ropa interior del suelo con las mejillas sonrojadas y sin atreverse a mirarlo a la cara y se las colocaba, recomponiendo al mismo tiempo el resto de su ropa y él hacia un tanto de lo mismo.
Después, sin que ninguno de los dos dijera nada, recogieron el resto del salón y se marcharon de allí sin volver a dirigirse la palabra.
 
 
 
 
 
CAPITULO 2 
Angela se mostraba como siempre ante todo el mundo, luciendo esa molesta sonrisa amable que parecía que nunca podría abandonarla, pero Jung no podía comportarse como siempre.
Después de lo que los dos habían experimentado en clase, Jung no podía prestar atención y toda chica que se le acercaba a por unas caricias o unos besos robados en algún rincón del instituto que en otro tiempo él no hubiera tenido problemas de dar le parecía una simple facilona que no le despertaba nada más que repulsión.
Se había pasado días soñando con el cuerpo de Angela, imaginando todas aquellas que quería hacerle y se imaginaba como ella aceptaba encantada y jadeando todo lo que él tenía para ofrecerle, sin encontrar ningún consuelo por mucho que se masturbara pensando en ella o intentara por cualquier método posible dejar de pensarla y sacarla de su mente, sin éxito.
A pesar de que no quería creerlo y, por muy avergonzado que fuera ese pensamiento, se había enamorado de la sosa chica trasladada.
Cuando miraba a su lado, siempre la veía, mostrándose tan amable como siempre a todo el mundo, dejando sus apuntes o ayudando a alguien con los deberes, pero sin mirarle a él en ningún momento.
Si pensaba seriamente sobre eso, tenía sentido.
Se había acostado con ella en clase, casi contra su voluntad y la pobre no tenía a nadie que la ayudara en aquel país, así que lo único que podía hacer contra él era ignorarlo.
Sin embargo, sentía como le picaban las manos por las constantes ganas contenidas que tenía de tocarla, deseaba tenerla contra su cuerpo de nuevo y oírla de nuevo gemir contra él, por mucho que esta se resistiera.
Sabiendo que estaba siendo un cerdo por aprovecharse de su amabilidad, esperó a la hora del recreo a que ella y las otras chicas de clase que almorzaban con ella se sentaran en torno a su mesa y ella no tuviera escapatoria posible.
Lee Hye insistió en almorzar con él, diciéndole que subiera con ella a la azotea con una ligera sonrisa lasciva, pero este alegó que tenía hambre, así que le pidió a que fuera a comprarle algo a la cantina del instituto, logrando que esta corriera a realizar su encargo.
Después de eso, acercó su silla al grupo de chicas, captando la atención de todas, incluida Angela, por mucho que esta mantuviera la mirada baja.
-Angela, me he dejado el libro de filosofía en casa y no he podido apuntarme lo que el profesor a dicho que entra en el examen.¿Te importaría quedarte un rato después de clase para que pudiera copiármelo de tu libro?-le preguntó con su mejor cara de niño bueno.
Esta lo miró con algo de malestar, consiguiendo que se pusiera duro incluso sin proponérselo, pero siempre había sido la chica buena que ayudaba a todos, así que si se negaba a hacerle a Jung Yong Hwa ese favor, las chicas le harían un interrogatorio para saber que era lo que estaba ocurriendo allí.
¿Cómo podía decirles que Yong Hwa se había acostado con ella contra la mesa del profesor?.
Lo más seguro era que se rieran de ella y que le dijeran que dejara de soñar, ya que las conquistas de este eran famosas en todo el instituto y estaba más que claro que una chica simple como ella no entraba en esas expectativas.
Lo miró, enfadada al saber que este también sabía eso y se aprovechaba de ello, pero acabó asintiendo, bajando la vista al suelo para que no se apreciara el sonrojo que le sobrevino al recordar lo ultimo que había pasado entre ellos cuando se habían quedado a solas.
-Bien. Pues aquí nos veremos-le dijo, ya que él tenía un entrenamiento de fútbol en la hora libre que tenían de clase y que ella siempre aprovechaba para estudiar.
Las chicas rápidamente comenzaron a decirle la suerte que tenía cuando Jung volvió a su mesa al mismo tiempo que una de las chicas que siempre le rondaba llevaba con un cargamento de comida para él al tiempo que ella fruncía el ceño imperceptiblemente sin saber por que.
¿Por qué, si tenía a todas las chicas que quería, tenía que haber ido a acostarse precisamente con ella, la cual solo quería acabar sus años de estudio lo más invisible posible?.
Al ver la cara de este al mirar a aquella chica que se había sentado frente a él, observó el puro aburrimiento que se atisbaba en sus ojos y pensó que a lo mejor había sido por eso, por que estaba aburrido de esas chicas ligeras de ropa que siempre le acechaban y que no le suponían ningún reto y había pensado que la chica nueva con ropa de monja seria más complicada.
Tenía esa ropa precisamente para llamar la atención lo menos posible. Ya fue bastante horrible que toda la gente la tachara como la chica nueva como para encima quedarse mirando su cuerpo, un cuerpo que tenía que estar trabajado a la fuerza por que había sido capitana del equipo de voleibol durante sus años mientras había estado viviendo en California.
Intentó concentrarse de nuevo en lo que sus compañeras de clase estaban hablando, sacando a Yong Hwa de su mente.
Solo tenía que dejarle su libro durante un rato y ya. Todo lo relacionado con él se habría acabado.
O eso pensaba ella.
Jung terminó su entrenamiento lo antes que pudo y, pasando de los primeros por la ducha, subió hasta la clase, intentando no correr con desesperación y que su corazón no latiera como un tambor en su pecho, donde esperaba que Angela aun estuviera.
La mirada molesta que le había excitado tanto también le había dejado bien claro que él ya no era santo de su devoción y solo aceptaba aquello por que se encontraba rodeada por las demás chicas, algo que él sabía y había aprovechado a su favor.
Pero aun así, si sabía que así podía tenerla a solas solo para él, recurriría a esas jugarretas tantas veces como le fuera posible, por muy mala cara que ella le dirigiera.
Contuvo un suspiro de alivio cuando llegó a la puerta principal de la clase y la vio sentada en su mesa, leyendo un libro.
La puerta trasera de la clase era cerrada por el profesor al acabar las horas lectivas, así que cuando él entró en la clase y cerró la puerta tras él con todo el cuidado que pudo, supo que nadie podría molestarlos durante el tiempo que permanecieran allí.
Angela alzó la vista cuando lo vio entrar y, sin dejar de parecer molesta, sacó su libro de filosofía y lo dejó con fuerza sobre la mesa de Jung, demasiado cerca de ella, sin duda menos de lo que le gustaría.
Este tuvo que contener sus ganas de saltar sobre ella sabiendo que nadie podría privarlos de ese momento a solas, así que dando unos pasos algo extraños, se acercó a su mesa, se dejó caer y,sacando una libreta de su mochila, abrió el libro de ella por una pagina cualquiera y se puso a copiar, sin dejar de observarla por el rabillo del ojo mientras ella no dejaba de leer su libro.
Intentó realmente concentrarse en simplemente copiar la hoja del libro, pero la sola presencia de Angela a su lado hacia que todo su cuerpo estuviera en tensión, preparado para ella en cualquier momento.
-No me has hablado desde ese día-le dijo Jung, intentando mantener una conversación con ella.
-¿Has terminado de copiar?-fue todo lo que esta le respondió, intentando ignorarlo.
-¡Vamos, Angela!-le dijo este, volviéndose hacia ella en la silla.-No puedes seguir pasando de mi de ese modo. Ni te imaginas lo que me molesta eso.
-¿Para qué quieres que te hable?.¿Para qué vuelvas a hacerme lo mismo de la otra vez?-le dijo esta, sin perder la vista del libro, pero sus manos crispadas sobre este desmentían su buena fachada de tranquilidad.
-Angela-le dijo este,intentando cogerle la mano, pero ella se puso rápidamente en pie y se dirigió hacia la puerta.
Jung la hubiera perdido si esta hubiera estado abierta, pero esta comprobó con sorpresa que estaba cerrada e,intentando abrirla, él consiguió alcanzarla, reteniéndola contra la puerta con el peso de su cuerpo en la espalda.
Aquel simple contacto, que ni siquiera era un contacto directo de piel ya que las manos de este se encontraban a ambos lados del cuerpo de ella, reteniéndola en la cárcel de su cuerpo, encendió la sangre de Jung y le sacó un gemido bajo y ronco desde el fondo de su garganta, dejando que la parte inferior de su cuerpo se apretara contra ella al mismo tiempo que esta se ponía tensa.
-De...dejame ir-le pidió Angela, sin demasiada fuerza en sus palabras.
No quería admitirlo, pero cada vez que sentía a aquel estupido chico cerca de su cuerpo, sentía como se volvía liquida por dentro, solo odiándole más por ello.
-Ni loco pienso hacerlo. Llevo días sin poder dormir pensando en todo lo que te quiero hacer. Me gustaría hacértelo ahora mismo contra la pared como estas ahora,seguro que bien preparada para mi, ponerte sobre mi y ver como te mueves con esa hermosa cara roja por la excitación. Incluso me encantaría enseñarte a que me dieras placer con tu boca-dijo al mismo tiempo que metía una mano dentro de la ropa interior de ella, sin tener demasiados problemas por la normal escolar que él tanto agradecía ahora y comprobaba que ya estaba húmeda.-¿Lo que te he dicho te ha excitado tanto o es que ya estabas así para mi?-le dijo sonriendo maliciosamente mientras su mano ya comenzaba a explorarla.
-Ya... lo dijiste....tú mismo....Soy muy....sensible-argumentó ella, sonando molesta, con los puños apretados contra la puerta, pero sin poder hacer que su cuerpo lo apartara de sí, recibiendo con mucho gusto sus atenciones.
-Oh, eso esta bien. Así me gustaría que estuvieras siempre para mi. Preparada y lista para que te tomara en cualquier momento-le dijo al mismo tiempo que introducía el primer dedo dentro de ella mientras esta no pudo evitar un gemido y movía las caderas hacia atrás, rozándose con él.
-Tie....tienes que soltarme-le dijo ella de nuevo, intentando no dejarse ir por completo.
-No he terminado contigo-le respondió este, introduciendo en ella ya un segundo dedo y aumentando el ritmo mientras gemía a la vez que ella contra su oído, notando los estremecimientos de su cuerpo contra el suyo como si fuera su propio placer.-Y tengo la sensación de que no terminaré pronto-le dijo mientras lamia el cuello de Angela hasta llegar al lóbulo del oído, mordisqueándoselo mientras notaba como esta se agitaba más contra él.
Esta no pudo controlar las reacciones de su cuerpo.
Por muy enfadada que estuviera con él, se humedecía aun más ante sus caricias y su interior lo esperaba con ansias, sabiendo que le entregaría un trocito del cielo que tanto le había gustado.
-Angela-le murmuró directamente contra su oído con tono añorante, como si hiciera siglos que no la tocaba y no días.
Ese mismo tono hizo que parte del enfado de ella se esfumara, lo que solo logró que sus tejidos se mojaran más y con más facilidad y Jung gruñera al notar el cambio.
-Tú también quieres esto-afirmó, restregando su cara por el suave pelo de ella, soltando aquella molesta cola con la mano libre y sintiendo la frescura del cabello contra su rostro.
Angela no pudo decir nada, ya que cuando abrió los labios, lo único que salió fue un gemido seguido de un jadeo y sus caderas volvieron a acercarse hacia atrás, ahora rozándose contra él sin resistencia, demandando más atención mientras giraba la cabeza y lo miraba con esos ojos entrecerrados por el deseo, suplicándole en silencio.
Por un segundo, Jung creyó que se venía solo por el roce de su miembro con el trasero de ella y esa mirada suplicante tan jodidamente erótica y tuvo que hacer un verdadero esfuerzo para contenerse.
Retiró la ropa interior de ella hasta que esta cayó al suelo y volvió a subirle la falda, una molesta prenda de color azul oscuro parecido al color de sus ojos.
-De verdad que no puedo tener bastante de ti-le murmuró una vez que hizo eso, sacando los dedos del interior de ella mientras Angela soltaba un quejido molesto y desilusionado, tan cercana a su cumbre como se encontraba.
Observando a Jung por encima de su hombro, vio como este sacaba un pequeño paquete metálico del bolsillo de sus vaqueros mientras lo cogía con los dientes al tiempo que se llevaba la mano hasta su ropa y se las bajaba.
No dijo nada. Solo intentó recuperar algo de aire mientras veía como este se colocaba el preservativo sin prisa mientras la observaba de arriba a bajo, como si en vez de estar poniéndose la protección, estuviera acariciando el cuerpo de ella, lo que solo le arrancó un estremecimiento de placer que le recorrió todo el cuerpo.
Cuando las manos de este volvieron a estar sobre sus caderas, las sintió ardiendo incluso a través de su camisa gris.
En aquella ocasión, Jung no se había molestado en prestar atención a su pecho, el cual se encontraba encendido y esperando sus atenciones.
Inconscientemente, mientras él se posicionaba en su entrada, tan lista para él casi que prácticamente lo acogió entero antes de que este entrara, se llevó las manos a los pechos y soltó un nuevo gemido mientras Jung se mecía contra ella al mismo tiempo que le salia al encuentro.
Este vio lo que estaba haciendo y, retirando las manos de ella, las sustituyo por las suyas.
-Perdona. Se había olvidado atender a estas dos señoritas. Pero es que tu interior es tan cálido y agradecido que me vas a volver loco solo con sentirte- le dijo mientras que le daba un pequeño mordisco en su hombro.
Ella no pudo contenerse y dejó salir los gemidos que tenía atascados en la garganta mientras salía al encuentro de las cada vez menos calmadas embestidas de él al tiempo que Jung abría su camisa, retiraba su sujetador y cogió sus pechos amorosamente con ambas manos.
No tardó en notar como el calor estallaba en el bajo de su vientre, extendiéndose por todo su cuerpo y humedeciéndola más al mismo tiempo que lo apretaba en su interior, urgiéndolo para que se viniera con ella, cosa que no tardo en hacer.
-Joder. Eres tan condenadamente caliente-le dijo este contra su cuello, con los dientes apretados mientras se dejaba ir.
Y ella, volviendo a sentir esa deliciosa explosión que la dejaba temblando y satisfecha, como si todo su cuerpo se volviera gelatina, no pudo decir nada para negarlo.
 
 
 
 
CAPITULO 3 

Después de lo ocurrido de nuevo en clase, Jung ya no permitió que Angela volviera a decirle que no ni esta pareció poner demasiada resistencia tampoco, sin poder evitar sonrojarse mientras Jung siempre buscaba excusas para poder quedarse a solas con ella en clase sin que los demás sospechasen.
Teniendo en cuenta además que les tocaba limpiar a ellos durante un mes, no tuvieron que permanecer mucho tiempo con ellas.
Los sentimientos que este sentía por ella no dejaban de creer, pero, por supuesto, no era algo que pensaba decirle a Angela, sobretodo por que esta solo parecía hacerle caso cuando estaban a solas y él se hacia cargo de su placer. Durante el resto del tiempo, se mostraba tan tímida como siempre y evitaba hablar con él delante de los demás incluso aunque estuvieran mesa con mesa. Algo que realmente le molestaba y le hacia pagar con pequeños castigos más tarde.
El resto de la clase notó que pasaba algo entre ellos, pero daban por sentado que, como Jung tenía problemas con los profesores, los cuales lo tomaban como un rebelde sin causa, este utilizaba a Angela como escudo protector contra ellos, ya que ella había sabido ganarse el aprecio del profesorado.
Lee Hye no se mostraba muy contenta con el hecho de que ellos dos estuvieran pasando tanto tiempo juntos, sobretodo por que comenzaba a sentir a Jung cada vez más lejos conforme más pasaban los días.
-¡¿Qué?!-exclamó Jung tras casi ahogarse con un batido que esta le había traído, notando como Angela y el resto de las chicas se volvieron hacia él, extrañadas y curiosas por saber lo que pasaba.
Él solo les dirigió una sonrisa, como queriendo decir que no pasaba nada.
-Pues eso. Yo podría suplirte los turnos de limpieza. No tengo ningún problema con eso. Seguro que estas cansado de pasar tanto tiempo con la sosa- le dijo ella, intentando lucir una sonrisa natural sin demasiado éxito.
-Pero....sabes que eso de limpiar es un castigo. No puedes cubrirme como si fuera un turno normal- intentó rebatirle este.
-No pasa nada. Sabes que los profesores nunca están pendientes de esas cosas ni tampoco están por aquí durante las limpiezas, así que no se enteraran. Si lo que te preocupa es que la sosa diga algo, puedes quedarte tranquilo. Yo me encargaré de ella.
-Deja de llamarla así-le dijo Jung, haciéndose hacia atrás en su asiento, mirando a Lee Hye con mala cara.
-¿Eh?.¿Por qué?.¿Es que acaso te pasa algo con ella?-le preguntó esta, mirándolo con suspicacia.
Él tuvo que pensar rápidamente en una excusa para salir del paso.
-No es eso. Es solo que...ella me ayuda con los estudios y con los profesores. Deja de meterte con ella,¿quieres?.
-Pero que te ayude no deja de hacer que ella sea una sosa-explicó esta, encogiéndose de hombros sin dejar de observar su expresión en ningún momento.
-Dejemos el tema-terminó por decir este, molesto por no poder decirle lo que realmente quería.
``Es mi chica, así que deja de meterte con ella si no quieres que tengamos un problema. Y deja de ligar conmigo, por que ya estoy pillado por alguien que se sienta justo al lado mio´´, se moría por poder decirle.
Pero,¿que cara pondría Angela si le oyera decir eso y como le mirarían el resto?.
Si dijera algo como eso, todos se volverían hacia ella, buscando que era lo que aquella chica tenía para haber capturado al gran casanova Jung Yong Hwa y solo de imaginar a Angela rodeada de todos los chicos, por mucho que este los conociera y supiera que no tenían nada que hacer (o eso quería imaginar) le hacia apretar los puños.
-La limpieza la hago yo y no hay más que hablar-terminó de decir este, cogiendo un bocadillo de encima de su mesa.
Lee Hye, notando su mal estar, no alegó nada más, pero torció el gesto y miró por el rabillo del ojo a Angela, la cual finjia estar pendiente de sus amigas, y endureció más la expresión.
Una vez que los dos terminaron con la limpieza de la clase, Jung miró hacia donde Angela estaba haciendo un nudo a la bolsa de la basura de la clase, preparándola para cuando más tarde salieran para tirarla, y se apoyó en la escoba que había estado utilizando para poder mirarla con más calma.
Generalmente, antes o después de la limpieza, se acercaba a ella y le recordaba que no tenía nunca bastante de ella, pero en aquella ocasión quería preguntarle algo y necesitaba su espacio para adquirir la fuerza necesaria para preguntárselo.
-Angela-la llamó, intentando que su estómago dejara de girar como loco y su corazón no intentara escaparse de su boca, sin mucho éxito con alguna de las dos cosas.
Ella se volvió a mirarlo, esta vez sin llevar sus gafas puestas dejando bien visible el hermoso color azul de sus ojos, y espero a oír lo que quería decir.
-Yo....me preguntaba si mañana por la tarde, teniendo en cuenta que es sábado,te apetecería....ir por ahí a algún lado....conmigo.
Esta solo pudo abrir los ojos por la sorpresa, incrédula de haber oído lo que acababa de oír.
¿De verdad Jung le acababa de pedir una cita?.
Se sometía a lo que este le hacia por que no podía negar que le encantaba, pero todo lo demás se había visto obligada a sacarlo de la ecuación. Ella disfrutaba de sus caricias y él disfrutaba dándoselas hasta que se cansara y buscara alguna que otra chica. Esa tal Lee Hye parecía bien dispuesta para ello.
Pero que este, en ese momento, le estuviera pidiendo una cita, la había dejado totalmente descolocada.
Cerraba y abría la boca, pero no conseguía que ningún sonido saliera de ella.
-Si tienes otra cosa que hacer, lo entiendo-alegó él rápidamente, enderezándose, haciendo que al mismo tiempo soltara la escoba.
La cara que puso este al verse tan torpe le arrancó una sonrisa a esta que duró mientras este se agachaba a recogerla, rojo como un tomate.
-¿Y a donde iríamos?-acabó por preguntarle.
Jung la miró, como si realmente no hubiera creído posible que le dijera que si, pero finalmente le dirigió un sonrisa de oreja a oreja.
-No sé. Había pensado que podíamos ir a dar una vuelta por el centro e ir a ver alguna peli. Y....si nos apetece, también podemos ir a comer por ahí. Conozco un puesto de comida rápida que es muy barato y no te quedas con hambre-explicó como un niño que explica emocionado su primera visita al zoo.
Angela hubiera seguido sonriendo si un nuevo pensamiento no se le hubiera pasado por la mente.
-Pero...si vamos por el centro....nos podría ver alguien del instituto.
Y la sonrisa de Jung también se esfumo.
-¿Eso es que no quieres ir?-le preguntó con el tono más bajo.
-No,no-le respondió esta rápidamente.-Si a ti no te importa, a mi tampoco. Entonces....¿donde es que quedamos?.
-Ummm. Había pensado en el banco que hay al entrar en la zona comercial. Creo que hay no habría perdida-le dijo él, recuperando de nuevo la sonrisa.
-Está bien-fue todo lo que esta le dijo.
Al día siguiente, Jung se encontraba sentado en el banco donde habían quedado, luciendo una camiseta roja y una chaqueta azul marino, acompañado con unos pantalones y zapatos negros.
Se había pasado buena parte de la mañana eligiendo su vestuario, mientras su madre y su hermano mayor lo veían dudar sobre lo que ponerse divertidos desde la puerta, intentando contener sus risas lo suficiente para que este no les oyera desde dentro.
Por supuesto, él había salido con otras chicas antes, pero ni se le ocurría comparar alguna de ellas con Angela.
``Parece que se esta retrasando´´,pensó mientras miraba preocupado su reloj de pulsera.
Si hubiera sido otra, ese pensamiento hubiera sido molesto y estaría pensando en largarse de allí cuanto antes. Pero no así con ella. En esos momentos, por su mente se le pasaban todas aquellas cosas que le podían salir al encuentro a una chica joven y sola y, a punto estuvo de ponerse en pie e ir a buscarla, cuando esta llegó trotando hasta él.
Llevaba un vestido de tirantes rojo con pequeñas flores blancas que le llegaba a las rodillas. Todo el vestido iba abotonado, pero Jung prefirió no imaginar que ocurriría si alguno de los botones se rompía. También usaba unos zapatos abiertos rojos con poco tacón, siendo consciente que era más baja que Jung por muy poco. El pelo, que ella solía siempre llevar atado, ahora estaba suelto, con solo unos primeros mechones recogidos hacia atrás con unos pasadores.
Si Jung no hubiera estado ya sentado, estaba seguro que hubiera necesitado sentarse al verla.
Angela se colocó ante él, aun respirando con dificultad, sujetándose el pecho con una mano al mismo tiempo que la otra descansaba en su rodilla, sujetando un pequeño bolso negro.
-Perdón por el retraso, pero es que el metro estaba desbordado y no he podido correr más-le dijo cuando por fin, recuperado parte de su aliento.
-No pasa nada. Siéntate y descansa-le dijo él, cogiendo la mano de ella entre las suyas y guiándola gentilmente hasta el banco, donde Angela se dejó caer y suspiró con alivio.-No tenias que venir con esas prisas si había tanta gente-terminó por decirle, sonando más preocupado por ella de lo que le gustaría.
Ella negó con la cabeza, dirigiéndole una pequeña pero hermosa sonrisa.
-No podía andar despacio sabiendo que estabas aquí esperándome.
Si no hubiera sido por que estaban en la calle, Jung se hubiera lanzado sobre ella sin restricciones, pero, teniendo en cuenta que se encontraban en la zona más concurrida de la ciudad, simplemente pudo inclinarse sobre ella y dejarle un beso en la comisura de la boca. Acto más que suficiente para que Angela se sonrojara.
-¿Vamos a dar una vuelta?-le dijo Jung, con los ojos entrecerrados y la voz más ronca que hasta hacia unos instantes.
Ella solo asintió, algo sonrojada, y ambos se pusieron en pie.
La mañana pasó así de tranquila, los dos paseando por los puestos, mientras Jung le arrancaba risas a estas mientras le preguntaba si las minifaldas que se vendían en algunos puestos podían quedarle bien.
Cuando se acercó más a la tarde, él la llevó hasta el cine de un pequeño barrio, donde él sabía que podían encontrarse más a solas y ambos se sorprendieron cuando entraron en una sala y se encontraron completamente a solas.
-¿No hay nadie?-preguntó Angela, sorprendida, sin dejar de mirar a su alrededor, aun sin poder creérselo.
-Eso parece. La gente de por aquí preferiría ir al centro en los días libres. Pero eso es bueno para nosotros-alegó Jung, dedicándole una sonrisa a esta.
-¿Y eso por qué?-le preguntó ella mientras se sentaba con él en el centro de la sala, donde mejor se vería la película.
-Por que nadie nos dirá nada si no puedo contener más mis ganas de tocarte-le dijo este, inclinándose sobre el oído de ella, dejando que su aliento la acariciara en una lenta pasada.
Angela lo miró con los ojos bien abiertos, dejando de nuevo expuesto el azul de sus ojos.
Parecía que quería decir algo, pero cuando sintió la mano de Jung en su pierna, todo el aliento se escapó de golpe. Quería apartarlo, alegando que cualquiera podría entrar en cualquier momento y descubrirles, pero no tenía fuerzas para eso.
Incluso mientras ella elegía su vestuario aquella mañana, como le había pasado a él, había pensado las posibilidades que tenía aquel vestido, tan fácilmente desmontable al quitar unos pocos botones.
-Jung...el hombre de arriba....-intentó murmurar.
Se refería al encargado de proyectar las películas.
-No tienes que preocuparte por eso. Ahora las películas se proyectan automáticamente. No hay nadie allí arriba, así que estamos totalmente solos aquí-le respondió él, subiendo más su mano hasta llegar al interior del vestido.
Angela soltó un gemido roto cuando sintió de nuevo los dedos de él tan cerca.
Pero cuando este estaba a punto de llegar a su ropa interior, unas voces en la puerta de la sala le detuvieron.
Mientras ambos se separaban, vieron como la sala era invadida por un grupito de adolescentes, no mucho más jóvenes que ellos y que se posicionaron solo a pocas butacas más atrás de donde se encontraban.
Jung los miró, molesto por que les hubieran interrumpido. De verdad se le había hecho muy difícil andar por la ciudad con Angela sin besarla, abrazarla o simplemente tocarla y había confiado que, llendo a aquel lugar, estarían lo suficientemente tranquilos para hacer lo que quisieran.
Ella, a su vez, no pudo contener una sonrisa al verlo tan frustrado. Este parecía un niño pequeño al que le habían quitado un dulce deseado y estaba tan adorable de aquel modo que no pudo contener sus ganas de pasar los dedos por el hermoso pelo negro que este tenía.
Jung se volvió hacia ella al notar el contacto, con los ojos inesperadamente abiertos, tal vez poco acostumbrado a que fuera ella la que procesara las caricias. Y aquel gesto, sin saber muy bien por que, la llenó de poder.
Saber que podía sacarle aquel tipo de reacciones con una simple caricia en su pelo la volvió osada.
Llevó su mano por el pelo de este hasta detrás de su oído. Después la bajó por el cuello hasta el pecho de él, ahora solo ataviado por la camiseta roja, ya que la chaqueta descansaba en su regazo, y disfrutó del tacto duro de este bajo su mano, arrancándole un gemido ronco a Jung desde el fondo de la garganta.
Sin embargo, este no la dejó seguir con la exploración, ya que cogió la mano de ella con una de las suyas y la dejó sobre el regazo de Angela.
-No es que no me gusten tus caricias, amor. Pero como sigas, me va a dar igual quien este en esta sala mirándonos.
Esa frase, que en principio estaba pensada para detenerla, solo la enardeció más por como entrecerró los ojos y entreabrió los labios, algo que este notó sin problemas, dejando que el aire se le escapara entre los dientes con un gemido contenido.
-De verdad que me vas a matar, dulzura-le dijo, acercando su cara a la de ella, que ya entrecerraba más los ojos, esperando el beso.
El tono bajo en la voz de este solo servia para estimularla más y quería sentirle contra su cuerpo aunque solo fuera con la humilde union de sus labios.
Pero los silbidos y las palabras de burla de los jóvenes tras ellos hicieron que Jung se detuviera y se alejara de ella, haciendo que Angela les dirigiera una mirada de enfado.
-Ya tendremos tiempo más tarde-le dijo este, con una sonrisa divertirla al verla molesta con los chicos mientras le depositaba un beso en la mano(*1) antes de dejarla sobre el brazo de su asiento, intentando concentrarse en la película, pero sin llegar a soltarla.
Angela solo apretó más la mano, fingiendo también que la película había capturado su interés, aunque ambos sabían que no era así.
Consiguieron ver la película sin mayor problema, saliendo de la sala antes que el resto de los jóvenes, y Jung la guió hacia el local del que ya le había hablado.
-Esos chicos no nos seguirán allí,¿verdad?-le preguntó Angela, caminando a su lado, aun sin parecer del todo tranquila.
Este solo pudo sonreír un poco al mismo tiempo que le cogía la mano, cosa que la dejó lo suficientemente impresionada como para olvidar a los chicos del cine.
-Allí estaremos todo lo solos que nos permita nuestra mesa-le dijo, llevándose la mano de esta a los labios y dejandole un beso en la palma que la arrancó un nuevo sonrojo.-No dejaré que nadie nos vuelva a molestar-añadió al final.
Angela solo pudo asentir y se dejó llevar hasta al local, subiendo una gran cuesta mientras se alejaban del centro.
-Yo vivo cerca de aquí-alegó cuando vio por donde Jung la estaba guiando.
-¿En serio?.¿Y nunca has comido por alguno de los locales que te rodean?.
-Comer sola es aburrido, así que prefiero hacerlo en casa.
Este no pudo aguantar más sus ganas y acercó a Angela hacia su pecho, aprisionándola en un fuerte abrazo mientras hundía su cara en el pelo de ella.
Ella no supo como reaccionar a eso y, durante un momento, solo se dejo abrazar, disfrutando de la calidez del cuerpo de este contra ella. Pero no podían permanecer así para siempre.
-¿Yong Hwa?-murmuró Angela, alzando la vista hacia la cara de él.
-No dejaré que vuelvas a estar sola. Siempre que me necesites, estaré ahí para ti-le dijo, aun con los ojos cerrados, apretándola más contra él.
Esta solo pudo sonrojarse mientras bajaba más la vista y disfrutaba del momento, alzando las manos por la espalda de Jung hasta que ella también acabó abrazándolo, notando la fuerza que escondía aquel cuerpo y que, sin embargo, la estaba tratando con tanta dulzura.
A ambos les importaba muy poco quien pudiera estar viéndolos en aquellos momentos, en mitad de una calle que parecía ser frecuentemente transitada, solo suspendidos en aquel instante juntos.
-Podríamos.....podríamos ir a mi casa y allí yo misma podría cocinarte algo-acabó por decir Angela.
-Pero yo quería invitarte-rebatió Jung, aun sin soltarla, pasando una de las manos por toda la espalda de ella en un lento pasar mientras la otra se enredaba en su cabello, en la nuca.
-Siempre podríamos dejar eso para otro momento-alegó ella, tratando de mirarlo de nuevo a los ojos.
Este se apartó un poco de ella, lo suficiente para que los dos pudieran mirarse sin problemas y la sonrisa de Angela fue más que suficiente para acabar de convencerlo.
-Pero del postre me encargo yo-zanjó este el tema, besándola de nuevo en la comisura de los labios, disfrutando del hecho de oírla contener el aliento dentro de la boca.
-Hecho-murmuró ella.
 
 
 
 
CAPITULO 4 

La cena en casa de Angela fue tranquila y agradable, consistiendo en un simple plato de pasta y un poco de salsa que ella misma no tardo mucho tiempo en preparar.
El apartamento, que consistía en una simple habitación que hacia las veces de salón y habitación, con la cama de ella pegada a la ventana de ese espacio, le permitió ver como ella cocinaba, ya que solo una barra de obra separaba la cocina del resto de la casa. El cuarto de baño era una puerta que había nada más entrar, pegado al único armario visible del lugar a la izquierda.
Cuando acabaron de comer y Angela se puso en pie para recoger los platos, ya que la mesa era de estilo japones pensada para ahorrar más del poco espacio con el que contaba, este la cogió de la mano, llevándosela de nuevo a los labios.
-Puedes recoger más tarde-murmuró contra su piel al mismo tiempo que se ponía en pie y la llevaba hasta su cama.
Esta solo se dejó hacer mientras Jung conseguía rápidamente desabotonar el vestido de ella, abriendo la prenda para dejar a la vista el cuerpo de ella, luciendo un conjunto de lencería negro con encaje. El pequeño lazo rojo que había en la unión de los pechos le hizo comprender como se sentían los toros en el ruedo.
Antes de poder darse cuenta, se afanaba en desabrochar el sujetador para liberar el pecho de ella mientras ella solo parecía preocupada en contener sus gemidos.
-Deja de hacer eso. Me gusta oírte-le dijo Jung en el momento en que se detuvo para quitarse él mismo la camiseta para poder sentirla contra su pecho sin nada de por medio.
-Pero....las paredes son muy finas. Me daría vergüenza que mis vecinos me oyeran.
-Si los vecinos tienen algún problema, que se fastidien. Que se enteren que tú ya tienes a alguien. Además, cuando estábamos en el cine, no te importó que esos chicos nos estuvieran viendo.
-Pe...pero eso era por que no los conocía-murmuró ella al mismo tiempo que un sonrojo le cubría todo el cuerpo.
-Eres tan encantadora-fue todo lo que él añadió, tocándola con sus nudillos desde la mejilla hasta los pechos que ya había dejado expuestos.
No tardó mucho más en deshacerse del resto de la ropa, tan ansioso de ella como estaba y, antes de que él mismo se diera cuenta, estaba dentro de ella, comenzando a bombear en su interior con calma al principio, pero sin dejar de aumentar el ritmo conforme sentía como ella lo apretaba en su interior y sus gemidos tenían a sus oídos encantados, cada vez más altos y sonoros.
Sin embargo, cuando notó como ella se venía, arrastrándole a él con ella, se le escaparon las dos palabras que jamás había pensado que le diría.
-Te quiero.
Eso dejó a Angela un momento suspendida, pero, como él no dejaba de moverse contra ella, no pudo aguantar más y se dejó arrastrar por su clímax mientras dejaba salir los gemidos que los dos sabían que sus vecinos podrían oír sin problemas.
Después de eso, Angela no comentó nada por la confesión, pero sonreía ampliamente cuando lo miraba e incluso hablaba libremente con él durante los descansos y no tenía problemas para juntar su mesa con la de él cuando Jung decía que se le había olvidado algún libro.
Por supuesto Lee Hye no perdió detalle de ese hecho, lo que solo pareció volverla más huraña y evitaba al resto de chicas de la clase.
-¿Es qué acaso no os habéis dado cuenta de la atmósfera que hay entre esos dos?-les dijo a sus compañeras cuando acabaron las clases y se dirigían hacia la puerta.
-Bueno... Angela es demasiado inocente y siempre ayuda a todo el mundo-comentó una de las chicas, sin pensar demasiado en el asunto.
-Jung quiere que los profesores lo dejen en paz y, estando con ella, lo consigue-comentó otra.
-Además, él sabe como ser encantador, así que es posible que Angela se este enamorando de él y Jung se este aprovechando de ella para su beneficio. Pobrecilla. Deberíamos advertirla de que con Jung no tiene nada que hacer-acabó por decir otra, sintiendo verdadera lastima por ella.
Sin embargo el malestar de Lee Hye no la abandonaba.
Alegando que se le había olvidado algo, se despidió de las chicas y se quedó cerca de la puerta principal, observando hacia los cristales de su clase en el cuarto piso.
Quería esperar a Jung para decirle que la sosa le estaba absorbiendo hacia su aburrido mundo y que tenía que espabilar de una vez antes de que no tuviera escapatoria. Esa idea la agradó, imaginando de que manera este le agradecería que le hubiera abierto los ojos mientras se sentaba en uno de los bancos de la entrada.
¿Cuanto podía llevarles la limpieza a aquellos dos?.
Limpiaban todos los días, con lo que solo tendrían que barrer un poco, colocar las sillas en su sitio, limpiar la pizarra y salir para tirar la basura.
Para hacer algo tan simple como eso, estaban tardando ya demasiado, pensó ella, mirando la hora en su reloj de pulsera, frunciendo el ceño.
Miró de nuevo hacia las ventanas de la clase, pensando que si a lo mejor les estaban llevando más tiempo por que Jung no hacia nada y Angela tenía que encargarse de todo.
Teniendo en cuenta la actitud actual de los dos, no creía que él le dejara a ella todo el trabajo, sobretodo con la extraña manera en la que la defendía, recordó mientras apretaba los puños sobres sus piernas con malestar.
Pero llegaba a la misma conclusión sin resolver de antes.
Si los dos estaban arriba y se estaban ayudando...¿por qué demonios estaban tardando tanto?.
De repente, le pareció ver a Angela apoyada en los cristales de la clase, con Jung detrás de ella, y se puso en pie de un salto.
¡¿Qué demonios estaban haciendo aquellos dos?!.
Y antes de que ella misma se diera cuenta, estaba corriendo escaleras arriba.
Angela gemía contra el cristal de la clase, junto al asiento de Jung.
Al parecer, a este le gustaba verla de aquella manera, acorralada y a su disposición, prácticamente ya preparada cuando la giraba, ya que cada vez que lo hacían así, lo sentía con menos control, como si de verdad se tratara de algún animal en celo, lo que no significara que a ella no le gustara, como bien indicaba las reacciones de su cuerpo.
-Jung...-murmuró, girando la cabeza hacia él.
Sus embestidas, cada vez menos controladas, la estaban llevando al limite y quería que este se diera prisa para que pudiera alcanzar aquel dulce lugar de nuevo. Sabía que este la estaba tratando de aquella forma por que tampoco podría verla al día siguiente, ya que le había dicho que tenía que acompañar a su madre al médico.
Este solo aprisionó sus labios entre los de él, haciéndole el amor también en la boca, haciendo que su lengua entraba y salia de ella del mismo modo que lo hacia su miembro dentro de su cuerpo.
-Me quemas-le murmuró él, cuando por fin liberó sus labios, dejando una mordedura en ellos que Angela supo que tardaría unos días en desaparecer, arrancándole una pequeña sonrisa de poder, sabiendo que solo ella conseguía ponerle en aquel estado.
Lamentablemente, aquella afirmación también significaba que él se encontraba cerca de su cumbre y, que ella recordara, aun no se había puesto ninguna protección.
Quitándole las manos de sus pechos, los cuales Jung había metido por debajo de su camisa y su sujetador, sintiéndose sin tiempo para quitar las prendas, lo alejó de su cuerpo, haciendo que este soltara un gruñido molesto mientras ella se sentía extrañamente vacía de golpe.
-No voy a hacer nada....a no ser que usemos protección-alegó ella, con el aliento entrecortado, apoyándose en la mesa de él, notando como sus piernas no la sostenían después de las atenciones que él le había dado.
Como si Jung ya supiera eso, sacó un condón del bolsillo de sus vaqueros y, tras desabrocharse estos, se sentó en su silla, asegurándose de que Angela no se perdía detalle de lo que hacia.
Sin ningún tipo de prisa, colocó el preservativo sobre el inicio de su miembro y, muy lentamente, mientras la miraba con los ojos entrecerrados y cargados de lujuria, lo fue deslizando, imaginando que eran las manos de ella y no las suyas las que hacían aquello.
Tras eso, esta esperaba que se pusiera en pie y volviera a tocarla, por muy erótico que fuera solo verlo hacer aquello, pero una vez que se lo colocó, las manos de Jung no abandonaron su miembro, acariciándose sin ninguna prisa mientras seguía mirándola, como si fuera un espectáculo solo digno de sus ojos.
-¿Te gusta lo que ves?-le preguntó con una voz tan ronca que casi no parecía suya.
Angela solo se encontró asintiendo, notando como se volvía más liquida por dentro mientras veía como este se tocaba, como si en vez de estar haciendo aquellos, esos dedos estuvieran sobre su propio cuerpo.
-Si, claro que te gusta. Te gusta mirarme-siguió diciendo este, mientras aumentaba el ritmo que ejercía sobre si mismo.
Angela estaba empezando a notar como el aliento se le quedaba atascado en el interior de la garganta, sin poder hacer otra cosa que ver como Jung se tocaba con total descaro delante de ella, haciéndola soltar gemidos quejosos, como si le estuviera privando de sus atenciones aunque estuviera allí lista para él.
El miembro de Jung, por otro lado, pareció aumentar de tamaño bajo los ojos de ella mientras esta se agitaba contra la mesa de él, apretando sus piernas como si sintiera que fuera a llegar al orgasmo solo con mirarle.
-Si. Observa bien, por que solo tú consigues ponerme así de duro solo con mirarme-le dijo este, haciendo la cabeza hacia atrás, alzando las caderas al mismo tiempo que se trabajaba a si mismo de aquel modo que la estaba volviendo loca.
Angela volvió a gemir y una mano de Jung salió disparada hasta apretar la derecha de esta, acercándola a su cuerpo hasta dejarla sentada sobre sus piernas, tan cerca de su miembro que ella podía sentir el calor de aquel musculo contra la piel interna de sus muslos, tan cerca del punto donde ella lo quería.
-¿Te gustaría seguir tú para ver como reaccionó ante tus atenciones?-le preguntó con aquella voz que le arrancaba un escalofrío de placer desde la columna hasta extenderse por todo su cuerpo.
Angela lo miró a los ojos, esos ojos color chocolate oscuro que parecían casi negros por la pasión, y supo que él había notado como le había gustado el poder tocarlo libremente, sin restricciones, como parecía sometido completamente a ella bajo sus atenciones.Con una mano temblorosa, colocó la mano en la punta del miembro de este, viendo como este saltaba hacia ella.
-Te esta saludando-le dijo Jung, divertido, con ambas manos en las caderas de ella, intentando controlar sus ganas de entrar en ella en aquel instante para que pudiera explorarle como esta quisiera.
Angela no dijo nada, pero, tomándolo entre ambas manos, le dio un fuerte tirón de abajo arriba que dejó a este gimiendo contra ella, con los dientes apretados mientras los dedos de él se enterraban en la falda que aun llevaba puesta.
-Si no....tienes más cuidado,dulzura....no tardaré en correrme.
-Eso será mi elección,¿no crees?-le dijo ella, osada ante la situación.
Realmente se sentía como una chica poderosa, una diosa poderosa que tenía el control del placer de aquel joven mortal en sus manos, permitiéndole hacer lo que le viniera en gana, tomándolo como más le complaciera, pensó, aumentando el ritmo de sus caricias sobre él mientras Jung hacia la cabeza hacia atrás, dejando escapar unos gemidos profundos desde el fondo de su garganta.
En verdad parecía cerca de su culminación, pensó Angela con orgullo, notando al mismo tiempo como ella se estaba excitando ante aquello como si las manos de él la estuvieran tocando.
Le hubiera gustado torturarlo de aquel modo durante un ratito más, con su cara contraída por el placer que ella le estaba dando, pero Angela sentía que ella misma estaba más que deseosa de terminar lo que habían empezado, así que, elevándose sobre el cuerpo de este, colocó su miembro ante su entrada, más que preparada para recibirlo, y se dejó caer sobre él, arrancándole un gemido a ambos.
-¡Dios, me vas a matar!-exclamó Jung, acercándola para poder morderle en el cuello como a él tanto parecía gustarle, haciendo verdaderas fuerzas para no correrse en ese momento.
Ella solo pudo sonreír con aquel brillo de poder, comenzando a moverse sobre él lentamente, acostumbrando a ambos a la nueva postura antes de aumentar el ritmo hasta tenerlos a ambos gimiendo y sudorosos.
Las manos de él en sus caderas la animaron a moverse más deprisa mientras notaba los ojos de él clavados en su cara, sin que ella lo mirara por que estaba concentrada en su propia culminación, tan sumamente cercana ya.
-Que me maten si alguna vez te dejo marchar-alegó él, elevando las caderas, haciendo las embestidas más profundas y rápidas hasta que los dos no consiguieron permanecer más con aquel ritmo.
Angela se corrió, dejando oír un gemido mientras pronunciaba el nombre de Jung, apretándole dentro de ella como si quisiera aprisionarle con ella para siempre.
Al mismo tiempo, este intentó contenerse un poco más, continuando con las embestidas mientras veía como Angela se sonrojaba de nuevo y se dejaba ir. Pero su fuerza de voluntad no tenía nada que hacer con el dulce cuerpo de ella y, mucho antes de que pudiera controlarse, su cuerpo se contrajo, el interior de sus muslos se apretó y su clímax lo arrasó como un tsunami.
Cuando ambos terminaron, Jung dejó descansar la frente sobre el hombro de esta mientras ella lo abrazaba contra su pecho, aun sin el suficiente aire en los pulmones como para poder hablar.
-Deberíamos...terminar aquí ya. Nos hemos quedado demasiado tiempo-murmuró Jung, molesto ante la idea de que tuviera que alejarse de ella, pero sin poder evitarlo.
Si permanecían demasiado tiempo dentro del instituto, el conserje podía notar que pasaba algo y ocurrírsele subir a ver que pasaba.
-Después podemos ir a mi casa-le dijo ella, sin dejar de acariciarle el pelo, algo que le gustaba hacer ahora cada vez que terminaban, como si comprobara constantemente que él realmente se encontraba allí con ella.
-Tus vecinos...¿no te han comentado nada sobre el otro día?-dijo sonriendo, alzando la cabeza hacia ella, pero sin separarse para que ella pudiera seguir acariciándole la cabeza, ya que a él también le relajaba aquello.
Ella se sonrojó momentáneamente, haciendo que Jung volviera a endurecerse dentro de ella incluso sin querer.
Lástima que el condón solo pudiera usarse una vez.(*2)
-Etto...no, no han comentado nada. Pero me he dado cuenta que mi vecina de al lado no puede mirarme a los ojos. Creo que solo estaba ella cuando lo hicimos.
-Será divertido poder ver la cara que pondrá ahora cada vez que nos oiga.
-¿Ah?.¿Acaso das por sentado que te invitaré a mi casa todos los días?-le dijo ella, sonando despreocupada, con una mirada risueña que a él le encantó.
Le gustaría que pudiera mostrarse siempre así, sonriendo con esa confianza en si misma.
-¿Acaso me vas a dejar esperando en la puerta como un cachorrito perdido?-le dijo este a su vez, dirigiéndole una mirada de niño bueno que le arrancó una risa a Angela.
-De acuerdo, de acuerdo. Ya entendí-dijo esta, poniéndose en pie.-Será mejor que nos vayamos ya.
Jung se colocó bien los vaqueros mientras la veía buscar a su alrededor.
-¿Andas buscando esto?-le preguntó, sacando sus bragas azules de su espalda, haciendo que la cara de ella volviera a teñirse de rojo mientras se las quitaba de las manos.
-¿Por qué tienes tú esto?.
-Por que pensaba que podría quedármelas de recuerdo si no te acordabas de ellas-le respondió Jung, abrazándola por la espalda cuando ella se había vuelto, molesta.
-Eres un pervertido-alegó ella, aun sin sonar del todo tranquila.
-Si, pero solo contigo-le dijo este, depositando un beso en un lugar de su cuello donde aun se notaban la marca de sus dientes.
Lee Hye se encontraba detrás de la puerta trasera, agachada y sonrojada a más no poder.
Cuando llegó junto a la puerta, había sacado una foto en el momento en el que Angela había comenzado a acariciar a Jung. También había pensado llamar para interrumpirles, pero mientras seguía observándoles, un sonrojo le sobrevino y se vio incapaz de sacarles de aquel momento suyo tan intimo.
Además, pensó observando su móvil entre las manos, tenía aquella foto en su poder, así que en realidad no hacia falta que los interrumpiera.
Con aquella foto podía separarlos a los dos...para siempre.
 
 
 
CAPITULO 5 

 
Jung se encontraba en el piso de Angela cuando le llegó el mensaje de Lee Hye.
En principio, pensó en no molestarse en mirarlo, ya que poco podía importarle lo que aquella molesta chica pudiera querer decirle, pero, algo le dijo que tenía que abrir aquel mensaje, abriendo los ojos como platos cuando lo hizo y vio una foto de él y Angela juntos aquella misma tarde.
-Dulzura, tengo que usar un momento el baño-le dijo mientras ella se volvía hacia él con la rasera en la mano, preparándoles algo para cenar.
-Tranquilo. Como si estuvieras en tu casa-le dijo ella, con una gran sonrisa, ignorante a lo que pasaba.
Jung, poniéndose en pie, esperó que la sonrisa que lucia él pareciera lo suficientemente natural para no alarmarla mientras contenía sus ganas de entrar al baño.
Cuando tuvo la puerta cerrada a su espalda, marcó el número de aquella condenada chica y observó como esta le mantenía a la espera, a posta sin ningún margen de error.
-¿Como demonios has hecho esa foto?-le preguntó cuando ella se digno a cogerle el teléfono, intentando no gritar para que Angela, a la cual oía trasteando en la cocina, no le oyera.
-Eso no importa-le dijo Lee Hye con tranquilidad.-Lo que debería importarte es lo que crees que te pediré para que no empapele las paredes del instituto con esa foto-le dijo con un tono divertido que solo consiguió ponerle más de los nervios.
-¿Qué es lo que quieres?-le acabó preguntando cuando notó que podía hablar sin soltarle unos gritos.
-Algo muy sencillo y que tú has hecho en un montón de ocasiones. Rompe con esa asquerosa sosa y admite delante de todo el mundo que estas saliendo conmigo. Así de simple.
Jung se quedó un momento congelado, observando los azulejos blancos que había frente a él al mismo tiempo que apretaba su puño hasta notar las uñas contra su piel.
-¿Estas de coña?-murmuró.
-Para nada y lo sabes. Si no quieres que esa foto este mañana mismo por todo el instituto, ya sabes lo que tienes que hacer, querido.
Jung miró a su derecha, donde, tras esa pared, Angela debía de estar preparando felizmente la mesa para los dos, ajena a lo que estaba pasando.
-No puedo hacer eso. Quiero a Angela y no voy a dejar que una chica como tú me chantajee y le haga daño.
-Pues entonces...atente a las consecuencias-le dijo ella, sonando más ruda y seca que alguna otra ocasión que él pudiera recordar.
-¿Hola?.¡¿Hola?!.¡No hemos terminado de hablar!-gritó al teléfono, pero la linea al otro lado ya había muerto.
Por un momento, perdió los nervios, pero después de todo recordó que se trataba de Lee Hye, esa chica que corría de arriba para abajo, atendiendo sus recados. No ganaba con rebelar la foto en aquellos momentos y estaba seguro de que volvería a tratar de chantajearle de aquella manera.
Convenciéndose de ello, salio del baño, comprobando que Angela ya se encontraba sentada, esperándolo con una sonrisa de oreja a oreja.
-Te he oído hablar con alguien.¿Te ha llamado tu madre o algo para ver donde estabas?-le preguntó, tan relajada como siempre que se encontraban a solas.
Por un instante, mientras se sentaba frente a ella en la pequeña mesa, pensó en decirle o no lo que ocurría, pero era inútil preocuparla sin motivo. Estaba más que seguro que Lee Hye no actuaria tan rápido, así que solo conseguiría ponerla nerviosa para nada.
-No era nadie, pero...ahora que lo mencionas, tendremos que buscar un día libre para que te presente a mi familia.
Los ojos de Angela se abrieron sobremanera mientras lo observaba, dejando que el trozo de carne que llevaba entre los palillos cayera de nuevo a su plato.
-¿Tú....tú quieres...que...yo....conozca a ….tu familia?-tartamudeo.
-¿Por qué no?-alegó él, mirándola con una sonrisa.-¿Te parece demasiado pronto aun?.
Angela rápidamente negó con la cabeza.
-Pues decidido entonces-sentenció este, cogiendo un trozo de zanahoria de su plato.
En principio, siguieron comiendo en silencio, pero Jung no podía olvidarse de la amenaza de Lee Hye tan rápido, mirando como Angela comía felizmente frente a él.
-Creo que mañana no deberías ir a clase-le dijo por encima de su bol de arroz.
-¿Eh?-exclamó ella, alzando la cabeza de nuevo hacia él.-¿Por qué?.
-Bueno....es que....-murmuró Jung, pensando una excusa creíble.-Es que yo no estaré allí y no podría ayudarte con la limpieza. Seguro que te sentirás sola sin mi al lado y no me gusta imaginarte sola en el instituto, a merced de todos esos tíos controlados por sus propias hormonas.
Ella le dirigió una sonrisa dulce.
-Puedes quedarte tranquilo. Aunque te eche de menos, te prometo que no pasara nada malo en tu ausencia-alegó con confianza.
Jung solo pudo sonreirle, rogando por que realmente fuera así.
Angela notó que pasaba algo desde el mismo instante en que cruzó las puertas del instituto.
Todo el mundo miraba sus móviles al tiempo que alzaban las cabezas para mirarla, para después romper a murmurar entre ellos y dirigirle malas miradas.
No entendía que era lo que estaba ocurriendo, pensando que tal vez se habían dado cuenta que su labio inferior se encontraba más hinchado de lo normal después del mordisco de Jung, pero todo se puso mucho peor cuando entró en clase y observó su asiento. Su mesa, tan antiguamente impecable como las demás, ahora estaba llena de pintadas insultándola, diciendo que era una fresca, una pervertida y mil cosas más cada una más fuerte que la anterior.
Miró a su alrededor, sin comprender, y las 3 chicas que se sentaban con ella en los recreos se acercaron con mala cara, poniéndole un móvil delante de las narices antes de que esta se diera cuenta de lo que hacían y pudiera hacerse hacia atrás.
-¿Podrías explicarnos esto?-preguntó la de en medio, que era la que le enseñaba el móvil.
Cuando centró la vista, vio una foto de ella y Jung la tarde anterior, sobre la silla de él.
El color le desapareció de la cara antes de que pudieras decir uno.
-¡Ya os lo he dicho!-exclamaba Lee Hye con una sonrisa histérica en torno a la clase, que se había empezado a remolinar en torno a su mesa.-¡Esos dos se acuestan juntos cuando nadie esta aquí!.¡Ya os había dicho que había un aire muy raro entre ellos!.
-¡Callate!-exclamó una de las 3 a las que Angela había podido considerar sus amigas.-¡Todos sabemos que eso es imposible!.¡Esta tipa esta ha cien años luz de ser digna de estar con Jung Yong Hwa!.
-Todos pensábamos que era una pena que Jung te utilizara como quería por que parecías buena chica, pero ahora vemos que eres una acosadora-le dijo la de en medio, sin mirar a Lee Hye, ignorándola.-Como te estabas enamorando de él y Jung se mostraba tan amable contigo, pensabas que también te quería. Pero que te quede claro. Él nunca se enamoraría de una poquita cosa como tú.
Por las exclamaciones de afirmación, el resto de la clase parecía pensar lo mismo.
Reprimió las lágrimas de vergüenza que sentía quemar en los bordes de sus ojos, intentando controlarse y poder dar una buena explicación de todo eso.
Jung no estaba ese día allí para poder explicarlo y ella,por mucho aire que tomara, se notaba demasiado intranquila para poder hablar.
Gracias a Dios, la foto no mostraba nada.
Su falda ocultaba el hecho de que no llevaba ropa interior y Jung no se había bajado los vaqueros, lo que también ayudaba. Pero a ella se la veía sonrojada, llevando las manos a la entrepierna de este mientras él tenía las manos en las caderas, como si la estuviera alejando de su cuerpo.
Estaba a punto de decir algo, cuando el altavoz del instituto le indicó que el director quería verla en su despacho.
Creyéndose salvada por la campana, corrió fuera de la clase.
Pero, sin embargo, cuando llegó al despacho de este, la mala cara que le puso le indicó que no se había librado de aquel asunto. Ni mucho menos.
El director, un hombre alto y delgado, con el cabello entrecano y cara de mal carácter, le preguntó que qué era ese asunto sobre el que había acosado a su compañero de clase, que como había podido correr esa comprometedora foto por todo el instituto.
Ella no pudo contestar ni a una cosa ni a otra, así que, tomando su silencio como un acto de insubordinación y contando con el hecho de que se necesitaba tiempo para que ese horrible asunto se olvidara, le indicó que quedaba expulsada durante una semana, alegando que aquello no aparecería en su expediente solo por que hasta aquel momento había sido considerada como una estudiante de honor.
Ya sin poder contenerse más, recogió sus cosas mientras notaba un montón de ojos acusatorios sobre ella, llorando sin poder aguantar más mientras salia de la escuela, corriendo cuando se vio fuera del edificio hacia su casa.
-¡Tío,¿cómo no me habías dicho que la sosa te estaba acosando?!-le preguntó un compañero de clase a Jung aquella misma tarde, cuando este le había llamado a su casa.
-¿Cómo?-le preguntó él a su vez, sin entender realmente lo que le preguntaba.
-Ya sabes. Lee Hye a enviado a todo el instituto una foto donde se ve a esa Angela encima tuyo, intentando tocarte. Incluso el directo a tenido que expulsarla por una falta tan grave.
-¡¿Qué?!-exclamó, asustando a su hermano, que estaba en el sofá al lado suyo, viendo la televisión.
Su amigo intentó explicarle lo que pasaba, pero Jung ya estaba corriendo fuera de su casa hacia la de Angela.
Cuando llegó allí media hora después, sin aliento y sin notar las piernas como más que dos pesados trozos de metal que le hormigueaban, llamó a la puerta de esta con fuerza, casi consiguiendo sacar la puerta de las bisagras por sus golpes.
-¡Angela,sé que estas ahí!.¡Abre la puerta!.
-¡Largate!-le contestó ella, llorando detrás de la puerta.
Su tono, a pesar de estar enfadada, también se notaba profundamente triste,lo que solo consiguió que él se preocupara y se pegara a la puerta.
-Si estas preocupada por lo que ha pasado hoy en la escuela, no te preocupes. Mañana mismo iré a explicarlo todo.
-¿Para qué?.¿Para qué en vez de tacharme de acosadora, me llamen puta?.¡No, gracias!.
-¡Nadie te va a llamar así!.¡Eres mi novia!.¡No voy a permitir eso!-gritó él, apretando sus puños contra la puerta.
La risa amarga que oyó desde el otro lado le preocupó aun más.
-¿Novia?.¿Sabes lo que ha pasado en clase, Jung?. Aunque Lee Hye dijera a todo el mundo que en esa foto los dos nos estábamos acostando, todo el mundo a dicho que eso era imposible y solo han creído posible que yo era una acosadora.¿A quien demonios quería engañar pensando que podía ser feliz contigo?. Por mucho que me esforzara, todos me encontrarían ridícula al lado tuyo.
-Angela-murmuró él desde el otro lado, notando como la garganta se le cerraba.
-¡Largate de una maldita vez de mi puerta, Yong Hwa!.¡Ya bastante tengo para que encima tú también me molestes!.
Él se alejó de la puerta al oírla decir aquello, demasiado sorprendido por la ira y la amargura de su voz.
Como le gustaría decirle que todo estaría bien, que aquello no era un gran problema, que él podía resolverlo todo y ella podría volver al instituto sin problemas mientras Angela se dejaba calmar en sus brazos, pero sabía tan bien como ella que eso no podía ser así de simple.
Cuando ella notó que seguía allí, volvió a gritarle que se largara y, viendo que la vecina de al lado salia a ver que pasaba y lo miraba, molesta, se marchó de allí.
De camino a casa, en un andar penoso que mucho se parecía a los pasos que daría un borracho, le hubiera gustado pensar que toda la culpa de aquello había sido de esa condenada de Lee Hye, pero en el fondo sabía que no era realmente así. La culpa había sido suya por no haber tenido el cuidado de querer a Angela allí donde nadie podría verles y tomar aquella asquerosa foto que lo había estropeado todo.
Al entrar a casa, su hermano, que había hablado con su compañero de clase, le indicó que entrara en su habitación antes de que su madre le viera y se diera cuenta de que le pasaba.
Agradeciendo en silencio en que este no insistiera en hablar del tema, fue hasta su habitación, cerrando la puerta con llave tras él y, con las pocas fuerzas que ya le quedaban, se dejó caer sobre su cama, notando como las primeras lágrimas comenzaban a correr por sus mejillas hasta perderse en su almohada, del mismo modo que sentía como había perdido a Angela.
Durante unas buenas dos horas, estuvo sumido en aquel estado de pesadumbre, pero como no todo dura eternamente, alguien comenzó a llamar a la puerta.
Limpiándose las lagrimas con el brazo, se puso en pie y abrió la puerta, pensando que podía tratarse de su madre, pero allí se encontró a su hermano mayor, mirándolo sorprendido.
-Realmente esa chica te ha dado fuerte-le comentó, cerrando tras él, al ver los ojos de este enrojecidos después de haber estado todo el tiempo llorando, algo que no se había dado cuenta de lo que su madre se habría percatado nada más verlo.
-¿Qué?-fue todo lo que pudo murmurar antes de que las lágrimas volvieran a brotar. Sentía que aun no había llorado realmente todo lo que su cuerpo quería.
-He oído lo que ha pasado en clase, pero también vi como te preparabas para salir a una cita hace unos días y como has corrido cuando tu amigo te ha dicho lo que pasaba. Esta más que claro que esa chica es la misma. Y lo único que puedo decirte es que le dejes su espacio mientras vuelves a clase.
-¡¿Estás loco?!-exclamó, volviéndose hacia su hermano como si estuviera viendo a un extraño.-¡Si vuelvo a clase, voy a matar a cualquiera que haga algún comentario sobre Angela y sin duda mataré a Lee Hye por esa estúpida foto!.
-Ella a sido expulsada también cuando el director se ha enterado que fue ella quien ha difundido la foto por el instituto. Tu chica no va a ir en esta semana, así que si tú también faltas, habrá un montón de rumores sobre ella corriendo por allí sin control. Tienes que ir y aclarar la situación antes de que ella vuelva.
-¿Me sugieres que...diga la verdad?.
-¿Qué te la estabas tirando en clase?.¡No!. Solo la insultaran más. Me siento responsable en parte de esto por que yo te di los condones por si te daba algún calentón en clase, así que escucha. Tú ve allí y di que ella no te estaba acosando, si no que tú mismo la sentaste allí por que te la estabas declarando. No intentes añadir nada más a eso hasta que ella vuelva, por que si dices que es tu novia sin que ella este presente, solo servirá para cabrearla más.
-¿Crees que eso funcionara?-preguntó Jung a su hermano, emocionado.
-No estoy seguro de ello, pero será mejor hacer eso que no hacer nada.
Yong Hwa no pudo contenerse más y abrazó a su hermano mientras este le dio unos golpecitos en la espalda y le dijo que ya estaba bien, que ya podía soltarlo.
No es que se llevaran mal, pero nunca habían sido unos hermanos que expresaran demasiado cariño el uno por el otro como para empezar en aquellos extraños momentos.
Y, siguiendo la sugerencia de su hermano, Jung volvió a clase.
Rápidamente sus compañeros de clase le rodearon, diciéndole que cuanto debía haber sufrido debido al acoso de la chica que todos ellos habían tomado como la más inocente, añadiendo que jamás hubieran imaginado que Angela hubiera sido capaz de algo así.
Tomando aire antes de hablar para tratar de controlar los nervios y el malhumor que se removían en su interior, pasó a decirles las mismas palabras que le había dicho su hermano, sin añadir siquiera ni un punto más.
Todos se quedaron sorprendidos ante eso, aun sin poder creérselo. Incluso más de uno alegó de que dejara de bromear con aquello, pero al ver su cara seria, se miraron incrédulos entre ellos.
El gran casanova Jung Yong Hwa admitía que estaba enamorado de una chica.
-Y...¿ella que te dijo?-preguntó una de las chicas de clase, pareciendo ansiosa por saber la respuesta.
-Aun no me había dicho nada y después de esto dudo que quiera responderme. Si realmente es así, espero que todos vosotros os hagáis responsables-le dijo con una voz y una mirada que dejó a más de uno congelado.
-¡La culpa es de Lee Hye!.¡Ella hizo la foto!-dijo alguien.
Y todos asintieron, afirmando eso.
-Ella repartió la foto pero vosotros, ¡todos!,habéis molestado a Angela y le habéis escrito esas cosas en su mesa-explicó, indicando esta con la cabeza, que aun lucia llena de pintadas.- Después de clase tengo una cita con el director para explicar lo que ha pasado y espero que mañana mismo, ella vuelva a clase. Y, por vuestro bien, espero que esa mesa haya desaparecido.
Y con las mismas, se puso en pie y abandonó la clase mientras los demás se ponían en marcha sobre buscar una mesa nueva.
Consiguió hablar con el director y le explicó a este lo mismo que le había dicho a sus compañeros.
-¿Y por que Angela no dijo nada cuando la llamé a mi despacho?.
-Sabe que es muy tímida y acababa de venir de clase, donde todos la estaban molestando.¿Esperaba de verdad que pudiera hablar sin ponerse a llorar histérica en su despacho?-le preguntó, mostrándose demasiado autoritario.
En otras circunstancias, el director le hubiera hecho pagar esa forma de hablarle tan irrespetuosa, pero teniendo en cuenta que había sido culpa suya la expulsión sin previamente hablar con él, dejó pasar aquello y afirmó que llamaría a la casa de Angela para indicarle que el asunto se había resuelto y que podía volver a clase al día siguiente.
Yong Hwa de verdad que así lo esperaba.
Al día siguiente, cuando Angela volvió, nadie se atrevió a comentar nada y más de uno se quedó sin aliento al verla.
Esta se había cortado su largo cabello y ahora este apenas le llegaba por los hombros, creándole unas ondulaciones que el peso de su largo cabello no había dejado ver antes. Llevaba una camiseta de tirantes blanca que dejaba ver sin problemas el sujetador morado que llevaba debajo y una minifalda negra se abrazaba a sus caderas sin problemas.
Jung, que en aquellos momentos se había encontrado con los pies encima de su mesa, por poco no se cayó para atrás al verla y vio las reacciones de sus compañeros masculinos al verla.
Sabía que ahora veían a la increíble chica que no habían visto hasta la fecha y comprobó, molesto, que ella no parecía importarle que todo varón que la veía se la estuviera comiendo con los ojos y sintiéndose orgullosa de ella al mismo tiempo sin saber bien por que.
Las 3 chicas que solían sentarse con Angela se colocaron frente a ella, algo sonrojadas y avergonzadas, tan impactadas como los demás por el radical cambio de ella.
-Perdonanos-empezó a decir la chica de la izquierda, que era la más alta de las 3.-Jung explicó lo de la foto.
La de en medio asintió y empezó a hablar, como si fuera la portavoz.
-Ya nos ha dicho que en realidad fue él el que te sentó sobre sus piernas y que se te estaba declarando.
Todo el aura de malhumor que parecía envolverla hasta ese momento se esfumó y se volvió hacia Jung con los ojos abiertos como platos.
-¿Eso os dijo?-murmuró mientras notaba como él le mantenía la mirada.
-Pues si. No les dije nada que no hubiera hecho-alegó este, tan cerca de ellas que le era imposible no meterse en la conversación.-También les dije que aun no me habías contestado y que, sin duda, después de todo este revuelo, ya no me ibas a contestar.
Angela empezó a mirar a su alrededor, tan descolocada como el día en que entró en clase y vio su mesa llena de pintadas.
-No creíamos posible que Jung quisiera estar contigo, pero....viéndote así, no nos extraña nada ahora-alegó la líder del grupito.
-Nunca imaginamos que podías lucir tan increíble-murmuró un chico por detrás.
Pero la mirada de Jung fue más que suficiente para acallarlo.
-A mi me gustaba antes de verse así-alegó él, volviendo la cabeza hacia la ventana.
-¿Desde cuando?-preguntó una de las chicas.
Al mirarlas, vio que Angela también parecía esperar una respuesta.
Sin apartar los ojos de los suyos, sonrió.
-Creo que desde el primer instante en que cruzó la puerta.
 
 
 
 
CAPITULO 6 

Después de aquella declaración, aprovechando la hora del descanso, Jung cogió a Angela y la llevó hasta la azotea, donde podría hablar con ella con tranquilidad.
-¿Eso que has dicho abajo....era verdad?-le murmuró ella, sin hacer intención de que este la soltara, ya que había cogido la mano de esta cuando le dijo que quería hablar con ella y la arrastró hasta allí.
-Si-admitió él, sonrojándose como un colegial ante su propia afirmación e intentó pasar a otros temas.-Pero...¿por qué te cortaste el pelo y has venido vestida así?.
-Bueno...-alegó Angela, mirándose.-Ya te dije que todo el mundo me encontraba ridícula a tu lado, así que decidí parecer una chica que podría andar a tu lado con la cabeza bien alta-le dijo, intentando no parecer tan ridícula al decir aquello como se sentía.
Jung se acercó lentamente y, con la mano que aun tenía libre, le acarició la cara, ahora envuelta por unos suaves ondulaciones de color azabache.
-Dulzura, tú siempre has sido digna de caminar a mi lado.
Los ojos azules de esta pronto se empañaron por las lágrimas y Jung se sorprendió, cogiendo la cara de ella entre sus manos y acercándola a él mientras este se agachaba.
-¿Qué te pasa?.¿Por qué lloras?.
-No, no me pasa nada. Es solo que no esperaba que dijeras nada de lo que has dicho delante de los demás-le dijo ella, intentando refrenar las lágrimas mientras Jung se afanaba por eliminar con sus dedos purgares las que ya caían por sus mejillas.
-¿Por qué no te lo esperabas?.¿Acaso no dije que quería presentarte a mi familia?.¿Crees que les decía lo mismo a todas las chicas?.
-No. Es solo que....no sé como explicarlo. Todo lo que ha pasado me parece tan irreal. Hasta hace unos días era un simple y sosa chica nueva, después me convertí en una acosadora y ahora se supone que soy tu novia. Tengo que hacerme a la idea.
Una sonrisa iluminó la cara de Jung.
-¿Eso quiere decir que aceptas?. Osea, no es que me haya declarado como se debería y espero reparar eso pronto, pero, en estos momentos....¿me aceptas?.
Angela se acercó a él y le dio un golpe en el brazo, lo suficientemente fuerte para que este soltara un gritito de dolor.
-Después de todo lo que me has hecho,¿pensabas que no me gustabas?-le reprochó.-¿Me veo muy fácil para ti?.
Y le dirigió una seria mirada que no recordó haberle visto nunca.
-¡No,no!. Nada de eso-dijo este, rápidamente, moviendo las manos delante de él como si eso consiguiera calmarla.
-Bien-terminó por decir esta, acercándose a él y abrazándolo, dejando la cabeza en el hueco de su hombro.
Jung se quedó un momento sorprendido, sin entender como había acabado la conversación, pero elevó las manos por el cuerpo de ella hasta tenerla apretada contra su pecho.
-Entonces tenemos que buscar un día libre cuanto antes. Mi hermano mayor tiene ganas de conocerte-le dijo Jung, besándola ahora en el corto cabello.
-¿Eh?.¿Le has hablado de mi a tu familia?.
-Realmente mi familia es muy suspicaz. No hizo falta decirles mucho por que ya habían notado que tenía una chica por ahí.
-Así que he sido la ultima en enterarme de que te gustaba-le dijo ella, dedicándole un puchero.
-No me pongas esa cara. Te dije que te quería la primera vez que fui a tu apartamento,¿no?-le respondió este, de nuevo sonrojado, depositando un rápido e inocente beso en los labios de Angela que arrancó una sonrisa de ella.
-Estaré encantada de ir cualquier día a tu casa-le dijo ella a su vez, dirigiendo la sonrisa más luminosa que había visto en su cara.
A partir de ese día, Angela combinó sus anteriores gustos de ropa con algo más ligero, si nunca pasarse demasiado. Nunca le había gustado enseñar mucho de si misma, pero le encantaba ver la cara de celoso de Jung cuando caminaban juntos por la calle y los chicos se la quedaban mirando. Si no fuera por que sería una tarea realmente complicada, estaba segura de que este se hubiera peleado con todos ellos, alegando que era suya.
Del mismo modo, en el instituto, ella dejaba bien claro que Jung era suyo, almorzando siempre con él en su asiento, sentada entre sus piernas mientras el resto de chicas la miraban con envidia, pero aceptaban que hacían una buena pareja.
Los profesores también parecían encantados con la nueva relación, ya que Angela se encargaba de que Jung estudiara más y le impedía que pudiera despistarse en clase.
-Eres una adorable sargento-se oyó decir a Jung en mitad de un examen de matemáticas cuando ella se dio cuenta que este se había tumbado encima de su mesa sin haber respondido nada.
Todos se volvieron a mirarlos, con lo que Angela se sonrojo, echando de menos su pelo largo para poder ocultarse, y Jung les saludaba mientras aceptaba intentar hacer algo.
También este se encargaba de pasar en bici todos los días por su casa para recogerla y la llevaba de regreso por las tardes después de haber pasado un rato con ella.
-Realmente se ve que eres una joven muy bien educada-alegó la madre de Jung cuando este se la presentó un día que la llevó a comer, sonriendo hacia su hijo como si le dijera``más vale que la conserves´´.
-Con razón mi hermano ha hecho tanto revuelo por ti-alegó el hermano mayor, tras presentarse ante él y, cogiéndola por la mano, se la llevó a los labios y la beso.
Angela volvió a sonrojarse sin remedió, pensando que si aquel método de tratar a las mujeres no se llevara en la sangre, y Jung se puso en medio, separándolos.
-¡Buscate una novia propia!-le gritó a su hermano.
-Que inocente eres. Si te pones así por esas cosas insignificantes, tendrás muchos problemas en la vida-le dijo este sin parecer nada culpable, encogiéndose de hombros.
-¡No te salgas por la tangente!-le dijo él, siguiéndole por el salón.
-¿Quieres ayudarme a terminar de poner la mesa?-le dijo la madre de Jung a Angela, guiándola ya hacia la cocina mientras la cogía por los hombros.
-¿Qué pasa con ellos?-preguntó, señalando a los dos hermanos que aun dialogaban en el salón.
-Uf. Esos dos tienen para rato. Suficiente para que nosotras terminemos de preparar la mesa y esperemos a que llegue del trabajo tu suegro-le dijo esta, guiñándole un ojo cómplice.
Angela asintió mientras sonreía, dejándose llevar hasta la cocina, sin que su novio notara que el objeto de discusión con su hermano se marchaba sin importarle como acababan los dos.
-¿Cómo se os ocurre poneros a discutir cuando tenéis a una chica tan guapa en casa?-les dijo el padre de este cuando por fin llegó de trabajar y se sentó en la mesa, llevando a los hermanos que aun hablaban sobre lo que podían o no podían hacer con su cuñada.
-No se preocupe por eso. Yo ya sé como es Jung -alegó Angela, intentando quitar importancia al asunto.
-De verdad eres un ángel-le dijo este, mirándola apenado.
Por como la madre asintió, tuvo la sensación de que habría más escenas como aquella en el futuro.
Mirando a Jung a su lado, comiendo tranquilamente como si el tema no fuera con él, esperaba de verdad que hubiera muchas así de divertidas.
Pero, claro, tras las presentaciones con los padres de él, tocaba el turno de que Jung de presentarse a los padres de Angela.
-¿Te parece buena idea?-preguntaba este mientras miraba no muy convencido a la web cam.
-Tengo que presentarte de alguna manera. Y esta es la más barata. A no ser que quieras viajar hasta California para presentarte formalmente.
Después de eso, Jung se quedó callado mientras Angela intentaba ponerse en contacto con sus padres.
Mientras ella los saludaba a través del ordenador, este intentaba no ponerse nervioso y pensaba sobre que podría decirles para causarles una buena primera impresión.
-Y quería presentarles a mi novio-le oyó decir a ella, mientras esta le cogía por el brazo y lo colocaba frente a la cámara.
Antes de que pudiera terminar de saludar, ambos progenitores ya estaban hablando.
-¡Oh!.¡Nuestra niña de verdad se ha buscado un novio muy guapo!-exclamó una mujer morena que se parecía mucho a Angela, sonriendo como un anuncio mientras le observaba desde el otro lado de la cámara al mismo tiempo que él inclinaba la cabeza, agradeciendo el alago.
-¡Me niego!-gritaba al mismo tiempo el padre de Angela.-¡Mi niña es muy joven para tener novio!.¡Ese chico seguro que tratara propasarse con ella!.
Y, mientras ella se reía, Jung notó como se sonrojaba ante ese comentario.
-Oh, cariño. Ya sabes como es la juventud de hoy en día. Mientras lleven cuidado, no tiene por que pasar nada. Por que lleváis cuidado,¿verdad?-preguntó la madre, repentinamente seria.
-Si, señora-exclamó Jung rápidamente, poniéndose derecho en su postura.
-¡¿Eso es que la has tocado,pervertido?!.¡No te permito que toques a mi hija de ninguna manera!.
Este pareció agobiado ante eso, sin saber que responder. Y ella solo disfrutaba ante el hecho de lo bien que sus padres se lo estaban tomando. Por que, por mucho que su padre dijera lo contrario, parecía que le había gustado Jung. Si no hubiera sido así, no hubiera comentado nada y hubiera esperado a que él se fuera para hablar con ella.
-Cuando nos graduemos, iremos a haceros una visita,¿verdad?-dijo Angela, agarrándose del brazo de Jung mientras este solo asentía frente a la cámara con energía.
-¡Más os vale!.¡Tengo que hacerle un examen exhaustivo a ese chico antes de que pueda darle mi visto bueno!-gritó el padre de ella.
Pero su mujer le quitó frente la cámara, dándole una patada a su silla giratoria, mandándole a la otra punta de la habitación.
-Además, quiero ver a ese guapo chico de cara. Pensaba que me llevaba lo más guapo de Corea cuando me casé con tu padre, pero parece que me he equivocado-les dijo, sonriendo, pero mirando hacia él como si lo tuviera delante, examinándole.
Realmente llegó a sentirse desnudo delante de aquella cámara y se escondió detrás de Angela mientras ella se despedía de sus padres.
-Ha ido muy bien,¿verdad?-le preguntó con una sonrisa.
-Claro. Pero...eso de que iremos después de la graduación...¿iba en serio?.
-¿Preferirías que mi padre viniera aquí a conocerte?-le dijo, abrazándose más a su brazo, sonriéndole de manera malvada.
Este rápidamente negó con la cabeza.
-Bien. Ahora acompañame a la cocina. Tengo que preparar la cena y necesito a un chico fuerte que me ayude a cortar las verduras.
-¡Soy tu hombre!-alegó este mientras se ponía en pie con un ágil salto, remangándose unas mangas invisibles, ya que iba con una camiseta de manga corta.
-Este es mi chico-le dijo ella, dejandole un beso cariñoso en el hombro mientras le sonría(*3).-Ahora bajame la sartén que hay en la segunda leja del armario.
-¡A sus ordenes, mi dulzura de sargento!.
 
 
FIN 
 

(*1): Un beso en la mano, quitando el sentido principesco del hecho, significa que se adora a la otra persona.

(*2): El preservativo esta pensado para solo un uso. Y aun así no es siempre seguro. Si no se coloca de manera correcta, podría romperse. E incluso aunque este bien puesto, también podría tener algún defecto y fallar, así que hay que tener cuidado con los métodos anticonceptivos que se siguen.

(*3): En el lenguaje de los besos, un beso en el hombro significa que para uno, la otra persona es perfecta tal y como es.






Bueno....espero que a todos les haya gustado la historia.
Seguro que os preguntareis por que he subido esta vez todos los capitulos juntos y la respuesta es muy sencilla.
ME HE QUEDADO SIN INTERNET.
Asi que las ocasiones que tengo de conectarme ahora son más bien excasas y no puedo ser tan mala como para dejaros un mes o asi con la intriga de la historia cuando ya la tengo terminada.
Sin más, me despido de vosotros deseando que os haya gustado y espero veros aqui de nuevo cuando termine por fin una de las muchas que ya se me han ocurrido.
Hasta entonces, mandeneos sanos y besos.
Bye.-^^-



3 comentarios:

  1. wau me enkanto tienes face... mmm dime plisss

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  2. unnie me encanto este fic y también el de "los hermanos del pecado" me gustaria publicarlo en una pagina de fanfics de facebook claro siempre y cuando me des la autorizacion de publicarlo y claro poner tu nombre unnie :) figthing unnie sigue asi saludos

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